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VERSOS A MI HIJO ISAAC

VERSOS A MI HIJO ISAAC

 

Hijo: no pongas este confuso mundo

sobre tu cabeza de rey moro herido por los reflejos

de los cascos de tus caballos

en la arena del desierto interior de tu planeta de agua con fuego

y vegetaciones que salen de las notas que cantan los ángeles;

sé solo una piedra grande en el costado de la montaña de vida,

y no temas caer un día en el abismo

que inclina sus sombras sin raíces a tu vera.

 

Hijo: el milagro de tu nacencia es superior al mío.

Soy un poeta ciego que ve con los ojos de Dios.

Nadie puede decir como mis pupilas viradas hacia atrás,

pueden aprisionar la luz rectísima que llega a mis retinas.

Nadie puede saber cómo veo con los ojos de Dios.

Cuando duermo mis ojos de polvo cósmico

han viajado tan lejos que muchas imágenes

que nos trae la NASA yo las he tocado con mi retina de astronauta. 

Yo no sé por qué la idea de la muerte

no me asusta cuando está ante mí,

como tampoco nadie sabe por qué  tiembla dentro de mí algo

que no pudo viajar a esas regiones celeste

que solo puedo ver mientras duermo.

 

Hijo: pon tu cabeza en un costado de la montaña del mundo,

a un costado, bajo el corazón de un antiquísimo baobab,

como la herida de Cristo en la cruz. Eres el milagro,

y un hado milagroso agrandará las líneas de tu vida,

alargará las flechas de tu corazón,

y tu amor será una espada invencible contra las sombras.

En tu nacencia, un médico inmundo aprisionó tu nuca

y sobreviviste, aunque la segunda vértebra de tu cuello no creció.  

Otro médico iba a halar tu cuello, pensando que se trata de  tortícolis.

Entonces llegué yo y dije que no, que primero había

que hacerte una tomografía, y tu madre,

 por primera vez en la vida, me apoyó. Sobre el balcón

de la segunda planta de una multifamiliar, quisiste de alegría volar,

al verme a lo lejos, y una vecina corrió, y te salvó. Y no me digas

que quieres ser enterrado junto conmigo, cuando yo muera.

Hijo: ni siquiera venganza procures contra los

que con o sin razón  me odian.

Pon tu cabeza a un costado de la montaña de este confuso mundo,

y desde allí sostenga de soslayo que otras rocas como tú harán lo mismo.

 

Hijo: yo sobreviví a muchos golpes que la vida me dio.

Nunca procuré vengarme. Sólo miraba al Sol, siempre al Sol.

Dios me dio este canto de poeta ciego que puede ver 20-20,

para que gane la montaña del cielo, y la vida del más allá.

Únicamente defenderé el planeta de los grandes océanos

de los meteoritos girantes que vienen a obscurecerlo todo

con sus bombas de muerte, y guardaré la raíz del árbol que es vida,

que es esta misma vida mía que tienes en mente y que late en tu corazón, Hijo mío.

 

Hijo: Mirad, el Sol, el Sol, Hijo, Dios, el Sol.

 

Barahona, 2008.

LA MALDICION DEL PARRAL

VIII

 

 

LA MALDICION DEL PARRAL

 

 

Armandito José tendría entonces unos cuatro o cinco años. En varias ocasiones sus padres tuvieron que llevarlo al médico, de emergencia. El caso es que aprovechando que su padre dormía la siesta o hablaba con otro evangélico, el infante se subía sigilosamente por el tronco del parral, que consistía en varias matas de uvas que partían desde el lado sur del traspatio y recorrían sobre una gran enramada casi todo el ancho solar, salvo la casa de la familia, y, para que don Armando su padre no se diera cuenta, el astuto niño iba devorando las uvas con cáscaras y todo.

 

En cierta ocasión pasó por allí doña Maguí, una vieja prieta con fama de bruja que vivía unos doscientos metros más al oeste, en la cabeza del callejón que divide el barrio El Jacho con Cachoevaca. Venía de no se sabe dónde, vio el parral cargado de unos racimos de uvas que estaban a punto de ponerse moraditas, y no pudo impedir gritar su admiración, bajo el sol de las once y media de aquel sábado de gloria, diciendo:

 

Oh, qué uval más hermoso, y  un niño encaramado comiendo uvas,  que parece como que bajó del cielo.

 

Don Armando Delvallegrande despertó de pronto, al oír a la vieja Maguí, y se quedó oyéndola nomás, simulando dormir su siesta bajo la sombra propicia de las matas de uvas. Escuchó muy claramente todo cuando dijo la vieja aquella, que tiró su voz endemoniada sobre el parral cargado de racimos que muy pronto estarían buenas de vender en el  mercado, pero un golpe seco hizo que el buen padre saltara corriendo del fondo de su mecedora serrana. Armandito José cayó también fulminado por el mal de ojos de Maguí. Por suerte cayó sobre el suelo acolchado por las yerbas secas del burro bayo. Las uvas se pusieron cenizas de inmediato, el muchacho ardía en fiebre, y muchos racimos  de uva gotearon enteros del parral casero. Los que no cayeron de las matas se pusieron cenizas y se cuartearon.

 

Temeroso de perder el muchacho, don Armando lo cargó en seguida sobre el hombro y cruzó el pueblo de tres zancos y llevó a Armandito José al consultorio del único doctor que había entonces en la comunidad.

 

 No tiene ningún trauma grave. El chichón bajará poniéndole paños de hielo, dijo el doctor Cordero y agregó:- pero tiene una fiebre en treinta y nueve que arde.

 

  ¿Qué hago, doctor?

 

  Nada. Déle estas gotas, y esperar que ceda. De vez en cuanto báñelo con agua fría y así evitará que la fiebre suba a cuarenta. Entonces sí. Déle la dosis exacta, cada seis horas.

 

Los muchos baños de agua bien fresca de la tinaja no bastaron. Las dosis de la medicina que le recetó el doctor valieron menos que las muchas refriegas en la enorme batea de guayacán. Las lágrimas de la doña Antonia, la madre del muchacho, fueron en vano, porque la fiebre ya estaba en cuarenta grados. Casi convulsionaba. Medio punto más y se carbonizaba, pero los baños valían la pena, entonces, por unos cuantos minutos, sí. La fiebre  bajó un grado  y se mantuvo en  treinta y nueve grados.

 

Alguien que iba de paso vio el grupo de evangélicos pentecostales que oraba y cantaba, pidiéndole a Dios la sanidad del niño de don Armando. Vino y observó al hijo de cerca y dijo: Es maldeojos que tiene. Dénmelo. Pero, si ustedes son cristianos y no creen en eso, dénmelo que yo iré de un brinco con el niño donde la vieja Maguí, para que la azarosa le orine la cabeza.

 

La sanidad viene de Dios, también la sabiduría; ya fuimos al médico porque la ciencia la da Dios. Pero yo no apruebo la brujería.

 

No es brujería, don. Es un simple ensalmo, después que Maguí  le hizo el maldeojo y basta que le orine la cabeza al muchacho, eso no es nada. Es sólo una mujer que pasó  con la mala hora en los ojos. Nada más.

 

No, esas son cosas del Diablo, doña. Ésa satánica pasó por aquí, se admiró del parral y mire el uval en el suelo, mire los racimos cenizos con los granos partidos en dos, y voy yo ahora a buscar la cura donde ella, eso no, doña. Siga su camino.

 

No es ella, don. Es su orina.

 

Don Armando  se negó a entregar el muchacho a la vecina recién llegada; antes bien, llamó a los evangélicos y evangélicas que habían ido a su casa a darle asistencia espiritual. Se agarraron de las manos. Oraron. El Espíritu Santo se derramó entre ellos.

 

Que sea la voluntad de Dios todopoderoso.

 

 

Los hermanos evangélicos que estaban allí obedecieron el llamado porque era la voz del Espíritu Santo que hablaba al través del copastor y primer diácono de la Asamblea pentecostal. Eran cristianos ortodoxos. Antón, el hermano mayor de Armandito José, dominaba el centro del círculo. Casi un calco de la iglesia primitiva. Tres o cuatro años después se iba a repetir semejante círculo de oraciones, invocando el milagro por Antón, al ser mordido por un perrito con rabia salido de los montes. Armandito José hervía en fiebre en cuarenta.  Ellos cantaban y oraban, ignorando que en el techo de la casa había cientos de espíritus del aire que sólo el niño, en su fiebre delirante, podía ver. Se desdoblaban con techo y todo. Jamás olvidaría aquel espectáculo de ultratumba. Ni siquiera podía sentir el círculo que danzaba en torno suyo, pero la verdad es que aquellas oraciones salvadoras arrancaron al niño de la guadaña de la muerte.

         

Sí. Se hizo el milagro. No bien terminaron de hacer la oración cuando ya Armandito José había sudado la fiebre casi por completo. Entonces fue cuando el Espíritu Santo volvió a derramar con furia sus ricas bendiciones sobre aquellas hermanas y hermanos agarrados en un círculo de fuego de fe triunfadora.

 

Doña Maguí siguió haciendo sus maldeojos a todo cuando admiraba. Tenía mala fama. Los muchachos del barrio la llamaban bruja. En una ocasión, unos doce años después de la maldición del parral, Armandito José jugaba baloncesto junto a otros adolescentes de El Jacho, en una cancha improvisada en la calle. Pasó doña Maguí y la cadera del muchacho chocó con las cosas que doña Maguí traía ese sábado de cenizas del mercado. Era casi el mediodía. Y la vieja Maguí sostuvo con fuerzas traídas del otro mundo el saquito que contenía frutas y hojas de hacer remedios de luna llena. Se trataba de una vieja de buen tamaño, dura para encorvarse, de mirada fiera, coñera, con mirada de chivo ahorcado, y lanzó un coño insolente al muchacho, sin recordarse de lo sucedido mucho ha Lo cual no le gustó a Armandito José, que parecía acordarse bien del maldeojo aquél.

 

 ¿Pero esta vieja vive aún?

 

La expresión ofendió la doña Maguí sobremanera. Lo miró con fuego en los ojos de chivo ahorcado. Si no lo embrujó con su mirada de muerte era quizás porque no lo estaba admirando, no estaba pensando que era un niño  que parecía bajado del cielo. No. Si aun era de buen parecer a pesar del maldeojos. Armandito José era ya, también, un angelito endiablado, por su forma de hablar, ¿no? Pero Maguí supo de inmediato recordar los orígenes del muchacho, pues le grito:

 

   ¿Qué dices tú, evangediablo?

 

No se dijeron más nada. La vieja Maguí siguió su camino tirando conjuros al aire. Los muchachos, por su parte, alrededor de Armandito José, pues era ya un líder del drama y la poesía coreada en el club, estuvieron mirándola atentos, hasta que la vieron llegar a la esquina del bar de enfrente, pues la calle moría como en T, con otra calle, y  porque fueron en un tiempo niños muy bellos y doña Maguí afeó a muchos de ellos con sus maldeojos, y  los muchachos allí presentes, al unísono, sin acuerdo previo, tenían hecha la improvisada su cruz de dedos, y a un mismo tiempo vocearon:

 

     Maguí, Maguí vieja bruja.

NOTA: de la novela LA SANGRE DE LAS UVAS, de ABRAHAM MENDEZ VARGAS

 

 

LAS ALMAS GEMELAS

LAS ALMAS GEMELAS

 

VII

 

 

 

Cuando salió de la casa paterna, y partió con sus amigos al hogar de doña Palmira su mujer, el doctor Armandito José, no pudo evitar recordar a su difunto amigo Gregorio Lafragua. Así se lo hizo saber a sus amigos, y entonces les hablaba de las virtudes del fenecido galeno. 

 

¿Por qué actuaba así? Era una vida que era como la sangre de las uvas que libaban cada tarde añorante, ligadas con ron Barceló pequeño y en coro de ángeles puritanos.  Ha vagado como alma en pena por todos los rincones de la desesperanza, considerando como un castigo de las sombras tan irremediable pérdida.  Aquella sonrisa plena como el eclipse lunar que habría de inaugurar el siglo de la biogenética continuó no sólo infundiéndole su paz guerrera desde la inmortalidad de su llanto de antorcha victoriosa, sino que también le legó el sublime escozor del pez prisionero antes de la hábil escosa del imperialismo sobre el intenso bululú unilateral de  estos tiempos de muerte del nuevo orden,  ¿no? Hermanos del alma eran, para ellos la felicidad son ésas lágrimas de perlas en el río de la  desolación.  De la desolación de un amor que no hace iguales a los hombres y sus mujeres sino en virtud del abandono del propio  yo que es otro para transfigurarse luego en la esencia montaraz de la amada aquella, como la luna en pleno eclipse solar.  Ahora, ya es demasiado tarde. Los amigos gozan de un afecto que los iguala también, como esa  dulzura de dos amantes que dialogan de tarde en tarde bajo los parques del paraíso terráqueo.  No haber nacido es menos hermoso que haber muerto, muerto es menos hermoso que estar preso, preso es menos hermoso que estar libre, pero nada es tan hermoso como ser un defensor legítimo, como lo fue el doctor Gregorio Lafragua en toda tu vida, defensor de la libertad.  Sí. Vivía  como huérfano  de  la patria chica.  Al igual que la libertad, su corazón había dejado  caer en la olla Delvallegrande una ala, y jamás le faltó valor para destruir de un tajo tu propia hoguera. Mas he aquí que  Armandito José, su paño de lágrimas, siempre estuvo a lado, viendo como el viento movía su  blonda cabellera, lo mismo que a las ramas de los árboles del patio de La Tascana, ¿no?  A veces se iban a La Baitoita o a Las Piedras, a comer tilapias del Lago Enriquillo, cuando no leían a León Felipe y la  felicidad abríase a la esperanza  sus campos de vacas locas y casas de ladrillos de cerebros oníricos bajo los ardientes rayos del sol del Valle,  sin pensar siquiera que era de la  ciudad de la gracia, donde emana miel y leche, al pie de la montaña y a orillas de la bahía de Neira, ¿no?

 

 En principio  la  vida del doctor Lafragua era, de pies a cabeza, la política.  Ignoraba Armandito José entonces que su buen amigo era  miembro del comité central de un partido de izquierda.  La ruptura de sus compañeros con el Partido Marxista de las Tres Estrellas de los Magos de Belén, le  hizo descubrir su nombre en la lista de renunciantes del Psp, pero si ya estaba en el más allá, ahora entendía más a fondo al doctor Generoso Santana Sotomayor, al sentirse mal cuando veía que importantes comitivas de la política izquierdista venían desde Santo Domingo de Guzmán medir con su fino termómetro de rayo láser de Lafragua la temperatura del mundo y el curso de la política vernácula. Le decían: ¿Hemos venido a preguntar qué hacer, doctor Lafragua, porque usted siempre sabe, como Lenin, qué hacer? Venían a orientarse sobre el curso de la historia, en infinita expansión como el universo mismo. Del doctor Armandito José, sólo decía: es mi sombra, mi ángel de la guarda, es quien cantará, como Píndaro, la gloria de la caída de la Tebaida de la política dominicana.  En una ocasión, (hablaba con esos extraños izquierdistas que lo visitaban de cuando en cuando), hablaba con ellos en su presencia, vieron que la figura  de Boris Jeltsin apareció en la televisión; anunciaban su triunfo en la federación rusa, y, entonces, dijo: Ese oso polar,  le va a dar mucha agua que beber a Rusia y a los países del tercer mundo. Y así fue: hizo y  deshizo y luego, cuando ya no pudo más, entonces dejó a Vladimir Putín ¿no?... Y no era el fin de la Historia, como se pudo haber creído.  Otra tarde, cuando se anunció la caída del comunismo, con la cabeza entre ambas manos,  le dijo: Hemos luchado toda la vida por un ideal y ahora resulta que nada de eso era verdad; después de tantos sacrificios humanos, de pueblos y hombres de todos los pueblos, ahora nos dicen que todo aquello era vidrio inglés con galletita, y que la razón suficiente es del capitalismo. Sólo en Cuba tengo mi esperanza; en lo que pasará con Fidel y  con la revolución cubana, que representan la dignidad del mundo, es lo que me preocupa, y me duele morir un día sin ver el desenlace final, final que no sería tal si otro gran país latinoamericano se levantara como Cuba y Fidel Castro. Sé que ese país no es Republica Dominicana, por ahora.  Otra  tarde como ninguna otra en la vida,  mientras libaban vino de uvas ligada con Barceló pequeño, le confesó el ideal de su vida, ideal que para Armandito José era entonces plena iluminación, el horizonte azul de un libre pensador, y no la proyección  de un dirigente marxista  leninista...  Extremista.  El doctor Armandito José, entonces, como ahora en que le acompaña con sus  hermanos a cruzar este oscuro callejón del barrio El Jacho, y sin que tal circunstancia interfiera negativamente en la amistad, era lo que es hoy y ha sido siempre,  un demócrata...  Su profesión de fe  era constante, ¿no?  Discutían, es cierto, con verdadero fervor como Aristóteles de joven las ideas de Platón, su Maestro, pero siempre más amante de la verdad que de Platón, los más  variados temas que estaban sobre la palestra del universo político regional, nacional e internacional.  Armandito José era el diplomático; Lafragua era el ejecutivo de ínclita cabeza, que hablaba como decidiendo el futuro del mundo. Extraordinario, ¿no?  Después vino el torbellino de su  quebranto repentino; ya al final de sus días, se dormía en plena conversación, entre tragos de vino de uvas; Armandito José, entonces, le cuidaba, y fue entonces cuando le confesó, diciendo: Eres el único amigo que no me ha sacado dinero de la cartera, cuando me quedo dormido.   Hemos leído de tarde en tarde no sólo Gianni Mina, en HABLA FIDEL, o las Conversaciones con Frei Betto o Fidel y la Religión; además del FIDEL. Un Retrato crítico, Tad Szulc, o de LA AGONIA DEL PODER, de H. R. Halderman, o LA HISTORIA DE LA  TEORIA POLÍTICA, de George H. Sabine, también, amigo Armandito José, y en voz alta leímos Enciclopedia PSICOLOGÍA Educativa, publicada por Oxfor5d University Press-Harla, y debemos leer todo lo que tenga que ver con el mundo interior del ser humano, ¿Sí?.   Más luego mencionó la necesidad de leer La Biblia, y, al  mostrarle  sonriente La Santa Biblia, que  tenía bajo el colchón, el cual levantó con ambas manos, mirando a la puerta como si sintiese miedo de que entrara doña Patricia de los Turrumotes su esposa que lo creía aun ateo como ella, y  fue claro cuando retrotrajo el tema,  diciendo:

 

Pienso como Fidel que la política es una palabra que han desprestigiado los políticos, pero ello no impide que sigamos teniendo un alto concepto de la política, porque esta es la actividad más importante, más maravillosa, más fabulosa y más estimulante que puede llevar el hombre a cabo durante su tránsito terrestre, pues, Armandito José, la política es revolución. Sí... revolución... constante...  Sí...

 

 Estoy plenamente de acuerdo contigo, doctor Lafragua.  La política es más que una rama de la filosofía. Es el arte de gobernar, una ciencia aparte, ¿sí?

 

 Olvídate de las definiciones librescas, amigo Armandito José.  No podemos vivir encasillados en lo tradicional.  No podemos ser como esos caballos de los hipódromos, que tienen ojeras y sólo miran hacia delante.  No, debemos tener más ojos que el Diablo, pero sin su perversidad maquiavélica, ¿sí? Maquiavelo fue una voz disidente y solitaria del Renacimiento italiano, pero en general, el Renacimiento, y así lo atestigua El Cortesano de Baltasar Castiglioni, era platónico y enarboló la virtud, no el maquiavelismo. Por eso debemos tener no una cabeza cuadrada, sino redonda como un balón de deportivo, que ruede y corra cuando lo tiren o lo golpeen, sí.  Es más: te diré algo: Yo siempre aspiré, desde niño, a ser Presidente de este país, pero la represión balaguerista y esta secuela que es el  problema de mi voz,  no poder  dirigirme a la multitud con la energía y el ímpetu con que solía hacerlo en la Uasd, en los tiempos en que descollaba  como dirigente universitario, me ha hecho poner mis esperanzas inmediatas en Patricia de los Turrumotes, a quien conocí en esos tiempos de lucha contra el despotismo ilustrado de Joaquín Balaguer, aunque entonces mi novia era María su mejor amiga de entonces, y gracias a  un libro de medicina que yo necesitaba para una práctica, y ella me  prestó el libro de medicina.  A veces un mismo hecho produce efectos contrarios: el libro que me prestó Juan Vásquez, cuya historia ya tú la conoces, al devolvérselo,  me llevó a la cárcel, pues la mañana que fui a devolverle el libro, al bajar las escalinatas de la segunda planta, la policía lo allanó y duré año y medio preso y condenado injustamente, acusado de atentar contra la seguridad del Estado, pero yo era y soy aun inocente; el libro de Patricia, en cambio, me trabajo a vivir a Santa Cruz de Las Uvas... El asunto es, Armandito José, que Cuba y Fidel Castro, definirán la  dignidad del socialismo y de los pueblos del  tercer  mundo...

 

 Entiendo perfectamente, doctor Lafragua Guerín, perfectamente. Como dice un escritor amigo mío, increíble son las cosas que acontecen a los hombres mientras viven.

 

Manolito Mora. Goeíza.

 

 Por esas y otras revelaciones del doctor Gregorio Lafragua, aquella tarde fue extraordinariamente singular.  Así lo percibieron ambos, como una inconsciente despedida  este mundo...  Eran comunes entre ellos, pero le habló con el corazón en la palma de la mano. Es el mérito de ser llamado amigo de un amigo, mirar el cielo tachonado de estrellas y sentir que nuestra alma es tan vasta y misteriosa como el mismo universo; en la alianza de la alegría, como una sideral sinfonía, junto a Dios, el Padre Amante que vive sobre el tabernáculo de las estrellas. ¡Oh, cuán dulce la amabilidad de la Mis Uvas, Minerva Novas del Peral, su amante secreta, que completaba tu alma gemela, para que no fuese apartado llorando de la gran alianza de la alegría...   No haberle conocido antes, desde que llegó a la Santa Cruz de Las Uvas, fue mayor lamentación del doctor Gregorio Lafragua. Su arribo trajo consigo precisamente la pérdida del camino de la poesía.  Sus nuevos amigos sólo gustaban del ron fuerte,  del sexo clandestino y de los chismes del patio, que cada mañana venían a contarle, incluyendo Anacaona Romano, la que hacía sonar la lengua dentro de su boca como la cola de una serpiente embravecida dentro de un barril de abejas completamente vacío.  ¿Qué se podía hacer en un pueblo donde no acontecía nada verdaderamente importante, sino oírlo todo a muelas batientes?  Era justo que reconociese a Armandito José su leal constancia, su  afán por la poesía; le confesó entonces que le entristecía no haberle conocido entonces...  De Santo Domingo llegó a traer libros de poemas, y los leían entre copas y tragos de ron con vino de uvas, leyendo, recitando, despacio, con cierto dejo de tristeza, como decía que deberá siempre leerse la poesía... 

 

Ciertamente, también leían  las imaginerías que Armandito José escribía hasta que una tarde cualquiera escuchó muy atento  un capítulo de su primera novela amorosa, romántica, de fruto agraz, de amores desbaratados desde los cielos. Era una novela  onírica, de pasiones meridianas vividas en la epidermis del paisaje gris de la ilusión  que subleva el corazón de todo hombre joven, y el doctor Lafragua le hizo ver, en una crítica oral por demás con tintes literalinguística, que no sólo viajaba la política por los átomos fugitivos de su sangre, sino que también tenía madera de narrador, el típico arte uvero de narrar su cultura de patio.  El título de la novela, empero, era muy sugestivo y le gustó y, entonces, le sugirió al doctor Armandito José cambiarle el título de mis amores en el cielo, por el de Más allá de los sueños. ¡Ah, todavía hoy, en sueños de inconciencia. Se lo acuerda. Sí, creyendo más en sus posibilidades y confiando más en su persona que la estima que él mismo se tenía hasta entonces; cuando concluyó la lectura, el doctor Lafragua alzó el vaso plástico con hielo y sangre de uvas con ron, brindaron entonces, al tiempo que  el galeno  dijo:

 

Armandito José mi hermano, te pasaste de la guardarraya, Armandito,  te pasaste de la guardarraya...   Sí... 

NOTA: de la novela LA SANGRE DE LAS UVAS

 

 

PIEL DE ASNO

 

PIEL DE ASNO

 

Al Poeta petromacorisano

ROLANDO RODRÍGUEZ MANZANO.

 

 

Oh, margen del río en que no pude ser.

 

Desbórdate en mi corazón

con la misma tristeza

con que recogimos  bostezos de la tierra.

Y volvamos por la altivez de la tórtola

que procura cardosantos al desventurado

camastro de piedras.

 

Oh margen del río

en que anidan los cocuyos sus críos.

 

Dame el fatuo reír del viento en los cafetales,

las rústicas elaciones

de los dormidos platanares,

el ruiseñor que iza su canto

entre las guazábaras,

el caracol que aun oye

los secretos del mar.

El viejo de lurios consejos. Y dame,

dame un caremí de ilusiones muertas.

 

Oh, margen del río

en que no pude ser

en mi huida infinita

cuando mi piel de asno sacudió

en su pelambre

el eterno rocío del amanecer.

 

ANTINOMIA

ANTINOMIA

 

 

  No lo digo por mi, desde que el carro

del amor me tiró del centro del universo

de arco iris de racimos de galaxias,

me desperté un verano

en que todos los astros

hacíamos el amor con el sol meridiano,

y tuve la felicidad frente al espejo:

No soy Europa, una de las cinco lunas de Júpiter,

ni estoy lloriqueando de frió

más allá del `cuasi planeta Segna.

Un día los planetas más jóvenes

de esta pequeña estrella de suburbio

fuimos declarados viejevos, candidatos

perpetuos a ser viejóvenes,

momias egipcias empobrecidas, 

porque los jóvenes mundo de ilusiones

que se formaban para ocupar su reniñez

de astros de sueños de arco iris de ámbar

con millones de años aprisionando

el último vuelo de la mariposa del amor

de todos, aun no gustan tanto del fruto

del árbol de las ciencias,

y aceptamos con resignación la dura verdad :

los jóvenes seguimos siendo nosotros

en medio del polvo de todos

los caminos de los sueños.

Y esta es la razón

por la que el mundo dejó de ser feliz,

ni los ángeles de la felicidad

habitan ya la tierra.

Yo, por mi parte, sólo aspiro a ser

la nube de fuego que empuja

el carro del gran Dios por todo el Universo.

 

La Reforma Constitucional, ¿por Asamblea Revisora o por Asamblea Constituyente?

La Reforma Constitucional, ¿por Asamblea Revisora o por Asamblea Constituyente?

 

Por:

 

Abraham Méndez Vargas

 

 

 

¿Qué es una asamblea? ¿Qué es una revision? ¿Qué es una reforma? ¿Qué es una constituyente?  ¿Qué grado de diferencia hay entre una asamblea nacional revisora y una asamblea nacional constituyente?

 

Ha dicho un destacado especialista en materia de derecho constitucional, que la Carta Magna de la República Dominicana no distingue entre asamblea revisora y asamblea constituyente, y que bien puede el Presidente de la República hacer reformar parte del texto actual de la Constitución, como también sustituirla por otra. En medio de tan importante debate, creo que el Diccionario de la Lengua Española tiene la respuesta, sin necesidad de pérdida de tiempo en discusiones estériles. Veamos el mataburro.

 

Revisar tr. Ver con atención y cuidado. // 2. Someter algo a nuevo examen para corrección, enmendarlo o repararlo. Revision. Acción y efecto de revisar. // 2Mil. Comprobación, en cada año de los siguientes al respecto reemplazo, de las excepciones y exenciones variables del servicio militar. () V. recurso de…

 

La Constitución Política de la República Bolivariana de Venezuela, tiene este problema léxico resuelto, en materia de diferenciar las enmiendas, así como la reforma constitucional, de la asamblea nacional constituyente, en sus artículos 340, 342, y 348, que dicen de la siguiente manera:

 

“Artículo 340. La enmienda tiene por objeto la adición o modificación de uno o varios artículos de la Constitución, sin alterar su estructura fundamental”.

 

“Artículo 342.  La Reforma Constitucional tiene por objeto una revision parcial de esta Constitución y la sustitución de una o varias de sus normas que no modifiquen la estructura y principios fundamentales del texto Constitucional”.

 

“Artículo 348.  El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En el ejercicio de dicho poder, puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar al Estado, crea un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”.

 

Como se puede apreciar, dentro del marco constitucional actual, que únicamente prevé la reforma del texto constitucional al través de la Asamblea Nacional como Asamblea Revisora, es obvio, que la reforma constitucional no podrá tener como “objeto de transformar al Estado, crea un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”, sino y única y EXCLUSIVAMENTE tener como “por objeto una revision parcial de esta Constitución y la sustitución de una o varias de sus normas que no modifiquen la estructura y principios fundamentales del texto Constitucional”, así como también podrá tener como “la adición o modificación de uno o varios artículos de la Constitución, sin alterar su estructura fundamental”, tal como se consagra en el texto de la ley fundamental del pueblo de Bolivariano de Venezuela.

 

 

En consecuencia, es de duartiana prudencia el parecer de que la Asamblea Nacional como Asamblea Revisora no tiene competencia para sustituir el texto constitucional vigente, por otro de igual o doble extensión, sino y única y exclusivamente para revisarlo y reformarlo, dentro de los límites del significado del  vocablo revisar, tal como lo concibe el Diccionario de la Lengua Española. Hacer lo contrario devendría en inconstitucional el texto aprobado. En efecto, para   “de transformar al Estado, crea un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”, que es lo que quiere el Presidente de la República y la sociedad dominicana, lo primero que debe hacer la Asamblea Nacional como Asamblea Revisora es reformar el actual texto constitucional para introducirle la figura de la Asamblea Nacional Constituyente. De lo contrario debe de abstenerse a los límites propios de una Asamblea Revisora, tal como hemos visto. Ya vemos por qué hay tantas equivocaciones al respecto, incluyendo a Jorge Prats, que ha dicho que la Carta Magna dominicana no traza diferencias entre asamblea nacional revisora y asamblea nacional constituyente, esto es, sin antes haber consultado al mataburro.

 

También en esta materia hay que tener en cuenta que el nuestro es el único país que históricamente se ha ido a las armas internas por la lucha de la constitucionalidad.

 

 

 

EL TALLER DEL DIABL0

 

Por:

 

Abraham Méndez V.

 

 

EL TALLER DEL DIABLO

 

La hermana Milagros de las Mercedes Guzmán recorría todas las tardes y regresaba todas las noches la distancia de un kilómetro que hay entre la El Mesetal y el municipio de Xaragua. Asistía a los cultos evangélicos que se oficiaban en la única iglesia que había entonces en toda la provincia de Santa Cruz de Las Uvas. Era a finales del de la década del 40 o a principios de la del 50 del siglo próximo pasado. De regreso a El Mesetal, el último paraje de la Santa Cruz de Las Uvas al sur, en la prima noche, junto al resto de los hermanos en Cristo. Pero a veces tenía que hacer la travesía sola, pues ocurría por menesteres de la vida que iban llegando uno a uno  con el Dios te bendiga a flor de labio.

 

La iglesia estaba en una casita de palma-cana, de una sola pieza, sin la acostumbrada división de dos aposentos de las casas dominicanas. Allí cantaban cánticos de alabanzas al Señor Dios, Uno y Trino, conforme a los parámetros de la iglesia cristiana primitiva, sin que el cansancio fuese sentido jamás por tales religiosos.

 

Entre los dones que Jehová Dios había repartido entre la comunidad pentecostal de entonces, estaban unos tan antiguos como la presencia del hombre en el planeta tierra. Por ejemplo, la hermana Milagros de las Mercedes Guzmán tenía del don de sanidad y del canto y de la predicación trascendente, en el nombre de Cristo; fueron pocos los enfermos con fe por los que ella oró que no se sanaron. En cambio, el hermano don Armando Delvallegrande, que fue el primero en convertirse y lograr el arrepentimiento de los otros parientes para formar esa primera iglesia protestante, pues catolicismo había por doquier entonces, recibió del Señor Dios el don no solo de sanidad al igual que la hermana Milagros, sino también otros dones más, como son el don de interpretación y de hablar en lenguas, así como el don de profecía y de la predicación. Era el copastor y primer diacono de la iglesia de Xaragua. Don Armando tenía también el don expulsar los demonios en el nombre de Cristo, ¿no?

 

Pero, como se sabe habían  días en que los hermanos y hermanas de la iglesia de Xaragua no venían juntos desde El Mesetal, cosa que hacía que no se sintiera el kilómetro que caminaban a pie y nunca en burros ni de a caballos. Pero lo más raro del mundo es que hubo un día en que la hermana Milagros no asistió al culto cristiano. Pasaron tres días. Entonces la iglesia mandó al hermano Armando por ella. Don Armando era el fundador de la iglesia entre ellos, fue y la escoltó hasta Xaragua, y allá, en la reunión dominical, la señorita Milagros les contó la causa por la cual no estaba yendo a la iglesia, pero que oraba y adoraba al Señor en casa.

 

El caso era que un lugareño llamado Geño, por cierto muy trabajador, pero testarudo como toro en sabana, estaba enamorado de la señorita Milagros de las Mercedes, la hermana más ferviente de la iglesia en Xaragua. El hombre la esperaba en El Córbano Hachado, perseguía la muchacha acosándola para que se casaran por ahí mismos, como era costumbre entonces, y se detenía en las puertas del pueblo. El hombre estaba más enamorado que un perro bolo. Emperrado. Luego de un tiempo, al no lograr persuadirla con palabras prometedoras, pues se trataba de una mujer llamada por el mismo Espíritu Santo a realizar una importante obra misionera por todo el país y el mundo entero y lo último que tenía en mente era meterse en una cocina a preparar los alimentos a uno comecocos, ¿no?  No. Eso no era verdad. Salcochar tilapias del Lago Enriquillo  era para otra. No para Milagros de las Mercedes Guzmán Delvallegrande. Al ver sus ilusiones perdidas, el tal Geño amenazó con matarla. O era de él o no era de nadie. Palabra de rey.

 

Al otro día, un jueves por la tarde, la esperó con su colin tan bien alifado en la diestra, se veía tan afilado que espejeaba como un espejo, y la muchacha se mantuvo firme; no se fue al monte con él, a pesar de los muchos amagos que le hizo, de volarse la cabeza.

 

Milagros, la llamó el Geño...

 

¿Qué quiere usted conmigo? No le he dicho que soy una servidora de Dios, que no puedo atender sus ruegos. ¿Qué quiere usted, eh? Apártese de mi vista, Satanás.

 

La muchacha llevaba un paso rápido, que diríase que corría, sin asomo de cansancio. Era hermosa, oreada de virtudes, una hermosa india de cabellos lacios y ojos negros grandes como una princesa oriental. De cuerpo muy bien proporcionado, menuda, ni flaca ni gordita. Quien la veía seguramente pensaba que la hermosura de Anacaona no desapreció en la matanza del Xaragua éste. ¿no?

 

Tú me vas a querer, Milagros. ¿Qué no? Tú me vas a tener que querer y  tendremos muchos hijos tú y yo, o con este machete alimaito te cortaré la cabeza, Milagros Guzmán. O eres mía, o no eres de nadie, ¿no? Sí. Te digo que tú me vas a querer, Milagros Guzmán, o ya tú sabes, ¿no?

 

Yo soy de Dios únicamente. Apártate de mi, Satanás.

 

Y después del jueves la hermana Milagros no volvió al culto de la iglesia. No le dijo nada a su primo Armando, porque sabía que buscaría al tunante aquel y lo enfrentaría, para que la dejara quieta, y ella no quería problemas. Antes bien, esperó que la iglesia se reuniera después de la escuela dominical, que ella misma impartía de manera magistral. Eran tiempos heroicos aquellos, ¿no? Había entonces en Xaragua una hermana llamada Toña, que era la dueña de la casa donde estaba la iglesia; no pagaban alquiler, por voluntad de la hermana Toña; y puso el dedo en la llaga cuando dijo:

 

¿Y no es ésta la casa de Cristo, el Hijo Dios, de quien es la venganza?

 

Sí, así es, hermana Toña.

 

Oh, ¿Dónde está la fe de ustedes?

 

Todos tenemos mucha fe, hermana Toña.

 

Si nuestra fe es del tamaño de un grano de mostaza, oremos que Dios ha dicho: yo pagaré, la venganza es mía, ¿no? Agarrémoslos de las manos y oremos. Oremos, que el taller del diablo son las manos ociosas.

 

Así estuvo la iglesia orando tarde y noche, en largos cultos de oración. Pasado esa semana, cuando se reunieron en la escuela dominical, llegó la noticia. La hermana Nela llevó la noticia, y después de haber descansado un poco la carrera del camino, dijo:

 

Murió el hombre.

 

¿Qué hombre, muchacha?

 

Oh, muchacha. Geño, ¿no?

 

¿Y qué le pasó, dime?

 

Oh, dicen que estaba cortando víveres en su conuco y encontró un ratón entre las manos de un tremendo racimo de guineo y que Geño quiso matarlo, lo corrió hasta la empalizada que da al camino por donde sube el camión de la guiñéera a recoger los víveres del campo, y se cortó una mano, y hace poco que murió de un pasmo, ¿no?

 

La hermana Toña Rivas estaba orando de rodillas frente al banco del altar de Dios, cuando Nela les contó a las hermanas Milagros de las Mercedes Guzmán y a Sofía lo ocurrido en La Hija, barrio del extremo oeste de Xaragua. La muchacha había cruzado corriendo todo el poblado, con la noticia milagrosa. Al oírla, la señora Toña dio un saltó que casi pega en el caballete de la iglesia de Cristo. Estaba llena del Espíritu Santo. Esa noche el Espíritu de Dios derramó sus ricas bendiciones. Pero, después de todo, alguien habló en lengua y don Armandito dijo que el Espíritu Santo habló en lengua. Que la hermana Milagros debía pastorear su propia iglesia en Santa Cruz de Las Uvas, en el barrio El Jacho, en la antigua calle Ramfis Trujillo, esquina calle de El Matadero, donde el Diablo había echo residencia y había que desalojar unos malos espíritus que se habían encuevado en el corazón del pueblo, ¿no?, mientras la hermana Toña seguiría pastoreando la iglesia de Xaragua. El hermano Armando recorrería la región y fundaría otras iglesias de la Asamblea de Dios, además de que tendría por misión especial darle a Dios en el pueblo de Santa Cruz de Las Uvas, junto a la hermana Milagros de las Mercedes y  a otros hermanos, en solar que Dios proveerá el resto, el primero y más grande templo religioso para adorar al Dios verdadero.

 

Eran gente pobre. Humildes. Ricos de fe y todo se hizo según la voluntad de Dios. Aleluya. Todo lo demás es harto conocido, ¿no? Y es que como decía la hermana Toña siempre, las manos ociosas son el taller del Diablo, ¿no?

 

Nota: Capítulo XII, de la novela LA SANGRE DE LAS UVAS, de Abraham Méndez Vargas.

 

 

 

 

 

 

TRAS LAS HUELLAS DEL ROCINANTE DE ORO DE MERCI SAENZ

TRAS LAS HUELLAS DEL ROCINANTE DE ORO DE MERCI SAENZ

TRAS LA HUELLAS

DEL ROCINANTE DE ORO

DE MERCI SAENZ

 

-Ensayo-

 

Por:

Abraham Méndez Vargas

 

-I-

 

 Filos de lata, de la escritora argentina Mercedes Sáenz, son una colección de cuentos breves y algunos no tan cortos de un decir singular donde la primera frase de los más poéticos  cuento presente una técnica absolutamente nueva dentro del ámbito de la narrativa latinoamericana, y es que acto seguido se acompaña de la conjunción “y” sin que ello constituya una frase nueva o un periodo, sino a la manera con que un poeta hilvana las estrofa de un poema absoluto; igual cuando la primera frase sigue en punto y seguido; luego, en el segundo o tercer párrafo, por demás de una ternura inusitada, se produce el giro circular con la frase que inicia el cuento y así la narración del hecho que tiene indudable importancia va alargando y alzando vuelo como una cometa según la intensidad del viento y el entusiasma de la mano que domina el escenario más con la emoción pura de una niña que interroga el mundo con sus ojos inocentes, aunque ya es una mujer muy adulta y razonadora, dueña de un hogar ejemplar con un buen esposo y tres excelentes hijos.

Los cuentos breves y algunos no tan cortos contenidos en Filos de lata nos dan la sensación incontestable de una verdad sentida con dulzura y, a veces, con una fina ironía frente a lo que pudo haber sido lágrimas negras, mientas leemos los  breves cuentos de un mundo donde las personas saben perder sus nombres para entrar en escenas como símbolo de un pueblo, aunque los nombres de lugares, calles y cosas son auténticos dentro del entorno geográfico en que se desarrollan; es como las ondas maravillosa de un río de oro que pasa bajo el puente de antaño, convirtiendo a Mercedes Sáenz en una de las mejores narradoras latinoamericanas que de estos tiempos he leído, tanto en portales digitales como en libros impresos.

No se podía caminar sobre los rieles de la infancia si no se estaba vacunado contra el tétano, pero en los rieles interiores de Filos de lata podemos transitar sin necesidad de vacuna, porque aquí estos filos no están hecho del metal mohoso del hierro con tornillos por donde pasa el tren, sino con la amorosa pureza de una niña que expresa la poesía que la sorprende a cada instante, y aquellos hechos que ella narra son  filos estos latas que ella eterniza, y ahora vuelven a la vida de todos, como era justo que sucediese; pues, en Filos de alta hay muchas voces y cantan a la vida, en pequeños relatos que, aunque independientes en su factura creativa unos de otros, pueden decirse que Filos de lata puede leerse como novela, pues hay un hilo conductor que los interconecta. También son poemas en prosa, no poemas en prosa al estilo modernista como siempre sucede en muchos escritores latinoamericanos, sino poemas en prosa totalmente vanguardistas, salvados por el automatismo psíquico que los domina y que los hace muy del siglo xxi; surrealistas por antonomasia; porque son el producto de una hermosa regresión a la infancia con imágenes nuevas, sin la contaminación que la conciencia adulta pudiera imprimirle, no obstante la excelente razonabilidad que los domina en términos lógicos.

Filos de lata es el título general del libro de cuentos; es un libro hermoso, muy bien escrito y las situaciones que presenta son absolutamente significativas y esencialmente muy humanas, aunque sin el dramatismo fatal de los pueblos tropicales; parecería que los primeros dos cuentos se abren sueltos, pues a partir de la página 20, está subtitulado de la siguiente manera: No potrillo pampa, desde la pagina 22 a la 44, contiene los siguientes títulos: Te cambio la figura, ¿querés?, con tres capítulos y es en si una noveleta, (p. 23-31); No potrillo pampa (p. 32-34); La silla (p. 35-36); La dignidad de las colinas (p. 37-38); Si viera Usté… (p. 39-40); Arcabuceros (p. 4), Pequeños escapularios (p. 43-44).

Las señalase de la memoria van de la pagina 45 a la 60, y contiene los siguientes cuentos: Las señales de la memoria (p. 47-48); Catalogo (p.49-50); Mensajes de madera (51-52); El que juntaba vidrios (53-54); Como por agua (p. 55-56); El puente (p. 57); El periscopio (p. 58-59); Es la hora (60).

Sigue Siete ojos en su luna en la pagina 61, con los siguientes títulos de cuentos bien logrados: Siete ojos en su luna (p. 63-64); Los ojos que tiene Diana (p. 65-66); Café con leche (67-68); Lágrimas negras (p. 69).

Esa mujer no, pagina 71, nos trae los siguientes cuentos: No Paulina (p. 73-74; Miércoles a qué la tarde (p. 75-78); Ella creía que había sido (79-80); Clarisa (81-83); Adoquines (p. 84-85), El Barón y la manzana (86-91); Tararia (p. 92-93); Nadie hasta mañana (p. 94-96); La tortuga escocesa (p. 97-99).

En Ese chabón escupiendo conejitos, apartado que va de la pagina 101 a la 119, leemos los cuentos que siguen: Cascarrabias (p. 103-104); Ese chabón escupiendo conejitos (p. 105-106); Decir, decir (p. 107); Frágil (p. 108-109); Luces (p. 111); El señor de las nueve (p. 113)115); Dos por dos, uno más uno (p 116-117); Un día por casa (p. 118-119).

En fin, el último manojo se encuentra desde la página 121 hasta 143, luego el Índice de la 145-146, aparece bajo el título Calles de cuadros y leemos los siguientes cuentos: Calles de cuadros (p. 131-132); Tabique (p. 133-135); Silbido (p. 136-137); Silencio absoluto (p. 138-139); Masi (p. 140-141), y Decir cómo, decir qué (p.142-143).

 

 Sin embargo, todo ello es desde la página 22 a la 143, pues aunque de la 13 a la 19 el primer apartado tiene dos cuentos, el primero titulado Carta de una mujer imaginera a un amigo imaginario (p. 1318), y De todas las del mundo (A Papá, p. 19); hemos podido constatar que Filos de lata, que da al libro el bien logrado títulos, aparee más adelante, por lo que asumo que el primer apartado es realmente Filos de lata, por lo que termino este ensayo analizando estos dos últimos textos que son, por ciertos, lo que más me han impactado al encararme a este libro de por sí maravilla a quienes hemos tenido  la dicha de leerlos a tiempo completo.

Filos de lata es un libro de cuentos breves que son, a su vez, poemas en prosa dignos de la pluma de Juan Ramón Jiménez, en Platero y Yo, o de Azorín, en Nubes blancas, pero, con la salvedad de que estos Filos de lata, no son sólo bordes de la inocencia pura y encantadora sino los filos de hechos de una adolescente y de todo lo que reencarnan la herida, levantan postillas del corazón sangrante, con una delicadez tal que el dolor encanta por igual, pétalos sobre la herida, son yonyones que nacen sobre las raíces de los árboles muertos, para ser luego degustados en un exquisito plato de moro de arroz en la mesa común de las añoranzas de tantos humanos corazones de nubes. Merci Sáenz es la rosa blanca de flores enormes que lo perfuma todo con su voz que es toda poesía y eternidad, inclinada sobre el largo tallo de su grata existencia, a un costado de un puente de aguas secas donde vuelve a pasar el gran río heraclitano, y sobrevive en su memoria con todo su antiguo esplendor, y ahora pasa torrencialmente como enantes sobre los campos de su esperanza, sin temor a la nueva  estación amenace con volver todo secadales de nieves unas horas después, pues su voz de mujer heroica y rebelde ya no calla nada y arde como llama inagotable, y es sol que ilumina y derrite al mismo tiempo

 

 Y -II-

 

 

De todas las del mundo, el relato breve del libro Filos de lata, de Merci Sáenz, está dedicado “A Papá”, es decir, a Dalmiro Sáenz, dedicatoria esta coincidente con el Dalmiro “hecho por la mujer de papá, Laura Elizalde”, y que le pidió prestado no sólo porque le “encanta y en cada línea dice más de lo que yo puedo haber sabido en mucho tiempo”, evidenciando la sabiduría intuitiva que la posee desde niña, donde la expresión inefable dice un mundo en un puñado de monosílabos: “en cada línea dice más de lo que yo puedo haber sabido en mucho tiempo”, como si los cuentos dibujados del hombre por su esposa, hasta el fondo del alma que es todo asombro, le revelaran la metafísica que de niña sólo pudo intuir de su progenitor.

De todas las del mundo, no dice menos que el Dalmiro dibujado por Laura Elizalde, y como es muy breve, lo copio todo a continuación:

“Quise buscar una voz y ganó la tuya.

 

Se vino deslizando por los caminos del cuerpo y se quedó justo ahí, depositada en el limite del obstáculo. Confusión peridural que anula los sentidos.

 

La oigo desde que el mundo entró en mi y sabía que, ronca, acabaría por confundir la claridad de otras que hablaban del día claro y de los peces, del aroma de vainilla, del ruido de la canela. Que el mundo sería un vértice de la punta de la espada. Que amas tanto que confundes ser pasto, pájaro, hija, revolución, mujer.

 

Tu voz tenía la disidencia y la protesta, brutal engaño de la inteligencia.

 

Tu voz tenía un sostenido pedido de amor a gritos, silencios, pisadas de un felino con mascara de dientes.

 

Tu voz tiene todavía el eje cambiado del centro de la tierra. Tu risa ha sido un tanto como el mundo y su curiosidad.

 

Se fueron las voces y estaba la tuya” (De todas las del mundo).

 

En cambio, el primer cuento del texto Filos de lata, de Merci, titulado Carta de una mujer imaginera a un amigo imaginario, es una carta sin fecha escrita por una hija poeta (imaginera) a un padre (amigo) que desvive separado de su primera esposa, es decir, de la madre de la amiga imaginera, y el primer reto, como en Bécquer, es la forma nueva que debe darle a su obra y escribe “con doble “a”, que suena a “rima” que “es letra que acompaña”, y no puede ser otra, porque intuye que así “se ayuda al sonido y la memoria se va viniendo solita”.

Tenemos entonces que Carta de una mujer imaginera a un amigo imaginario es, antes que todo, una obra autobiografía que termina resumida en un hermoso poema en prosa, donde la experiencia surge circular y la verdad viene cayendo a cuenta gota.

 

Algo que quedó siempre pendiente, fue la inocencia de la madre, en cuanto a la separación. Como ha afirmado en De todas las del mundo, el hombre “tenía la disidencia y la protesta”, “un sostenido pedido de amor a gritos”, y todavía tiene cambiado “el eje” “del centro de la tierra”, mientras su “risa ha sido un tanto como el mundo y su curiosidad”, y de todas las voces que se oyeron entonces, únicamente quedó la del hombre, porque escribe “con doble “a” y “la memoria” retrotrae el cálido abrazo de los adorables concursos a lo interno de la familia, envuelta entre las brumas del recuerdo también adorable.

Algo quedó pendiente. Aquella abnegada ama de casa, que dio a luz por segunda vez con el invierno sobre la ciudad de Buenos Aires, en un hospital británico, cuando sólo estaba permitido que la madre viera la criatura recién nacida por media hora, salva los ojos de la niña, pues, los médicos no pudieron advertir que tenía las pestañas al revés. Desde entonces “La niña iba a convertirse en una mujer imaginera”, porque aquel prodigio únicamente se explicaba porque había nacido poeta. Fue una niña sin ambiciones mayores, quería ser como la india de al lado, y querría ser dueña de un perro o de un caballo, y segura de adorar a un padre que desvivía en la propia ilusión futura que alentaba su espíritu, con un carácter austero que lo hacía de un amor invisible, aunque de palpable y delicado trato.

 

A los trece años, cuando su padre se separa de la familia, los amores no sustituyeron el genio de aquella niña imaginera; no; aquella madre que la declaraba ganadora de los concursos de belleza que lleno de humor celebraba el padre en familia, y como no había ojos feos en casa, ni de varones ni de mujeres, la madre la declaraba ganadora porque intuía que aquella infante poeta tenía un reclamo profundo en el alma que no se llenaba con cualquier cosa, y los amores no sirvieron para ocupar ese vació hasta que es ella quien se enamora y escoge al hombre de su vida y traen al mundo tres varones que, por cierto, nacen perfectos, sin los problemas primeros de la niña imaginera, por ella es única e irrepetible, nacida poeta para perpetuar las lágrimas negras del invierno en lontananza.

 

Poeta precoz, escribe su primer cuento a los ocho años. Pero a los diez, tiene ya sentido del tiempo y es sabía. Una gran depresión la arropa a los trece, con la separación de sus padres, soñando quizás que los ve junto y felices como siempre, en familia. Entonces, en su sentido del presente, valora cada minuto y decide qué clase de mujer va a ser. Va a ser una mujer a contracorriente, tranquila, al lado de la responsabilidad de la madre, será madre también de sus propios hermanos, porque el primero nació varón y ella era la segunda de nueve hermanos.

 

En fin, una segunda jugada del destino, no sólo hace que sea la abnegada madre quien la descubre enferma, sino que termina triunfadora sobre la encefalitis. Días duras, mente lúcida y perfecta, a pesar de la imposibilidad de movimientos. Dios la cuida y ella habla con Dios. Es alegre, y esta  ventura la hace triunfadora sobre aquellos difíciles momentos. Se sabe para algo más trascendente y sobrevive.

 

Vida tranquila y responsable. Descubre que ese es el secreto divino. Con su alma gemela, vive encantada, en las palmas, y las mujeres le aburren. Dice que el amor tiene mil caras, que el hombre que vive con ella, del cual se enamoró una vez y para siempre, no aprendió a contarla, porque, precisamente, pienso yo ahora, en su vida responsable y tranquila, únicamente pone la luna de perfil su delicada flor de lis, y la sinceridad profunda y recta, es la directriz de esta mujer poeta que nos sublimiza con su verbo de diosa de las colinas.

 

 

Afrontó la vida con coraje, poniendo mala cara con lo que le desagrada, lo que la hace una mujer gestual que se ahorra palabras y pleitos, porque es virtuosa y prudente, y así expande su fe de mujer muy del siglo veintiuno, como fue su madre a destiempo. 

Finalmente, estamos hablando de Filos de lata, la obra narrativa de Merci Sáenz, quien ya no es una niña, sino toda una mujer autorrealizada, por eso nos dice que “es la mujer la que habla”, y que “cuando esa mujer muera, sólo a Dios va a entregarla”, pues tiene un corazón que domina su cabeza y “puede soltarlo a volar”, que no es cosa fácil, si analizamos el sentido profundo de esta metafísica del decir en doble “a”.

 

Me hubiera gustado hacer referencia o citar las opiniones críticas y aplausos que muchos escritores  y escritoras de Artesanías literarias y colaboradores ocasionales como el suscrito, han escrito sobre la labor narrativa y poética de Mercedes Sáenz, pero creo que con estas humildes líneas, bastan por ahora.

 

Únicamente sería harto importante terminar diciendo que en las páginas 42, 62, 77, 111, 113 y 125 aparecen unas hermosas fotografías de Isabel Capdevila, y que el propio papá de la escritora, Dalmiro Sáenz, en la contra portada de la obra Filos de lata, escribe lo siguiente sobre la misma: “Muchas veces en la historia de los hombres los hijos engendraron padre. Mercedes me engendró con esa mala fe de mina divina hace varios años. El primer asombro que me provocó fue el de nacer y el último éste libro. Éste libro es”;  y es que el amor es el secreto de Dios y una hija, como tengo yo una de dieciocho, adora a su padre, con un amor trascendente que la iguala a lo divino, como en Dios el amor es su secreto, tal como acontece en estos Filos de lata, de Merci Sáenz.

 

Abraham Méndez Vargas, narrador y poeta dominicana, fundador del Movimiento de la Poesía Informalista.