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ILUMINACION

ILUMINACION

 

ILUMINACIÓN

 

La luna es el intento de un mirar

a la redonda, pero sólo el sol

de tu sonrisa puede hacerlo.

 

La luna es un río de luz

que se quiebra en el cielo,

como los recortes de tus uñas heridas,

sangrando corazones difuntos.

 

La luna en plenilunio

junto al sol meridiano del amor,

es el eclipse que hemos logrado redimir,

y vuelven las flores a tu sonrisa de estrella.

 

Nosotros somos

un intento de amor bajo las nubes,

para poder sentir los círculos plenos

que traza el Universo,

alineándonos corazón a corazón,

como los cuerpos celestes.

 

La luna es el intento de un mirar

a la redonda, pero sólo el freno de luz

y sombra de tu fuerza centrípeta

sobre los mares profundos del amor,

hace del satélite un designio

que a todos dice

que la vida es la clásica rondalla lunar,

una sufrida manzana de gracia

que jamás admite el engaño

de los tiempos,

y que todo lo que es o fue,

en la perpetua ola bienhechora

de tu energía planetaria, volverá a ser...

 

 

Barahona, R. D.,

Sept., 2004.

 

EL MUNDO SE VE SOLO

EL MUNDO SE VE SOLO

EL MUNDO SE VE SOLO

 

Al

 

DR. FIDEL ALCIADES SOTO GUERRERO, esta carta emocional que en sus últimas semanas de vida en la tierra, fue su gran gozo leyéndolas  a sus    hermanos

y amigos, hasta la hora nona.

 

Ahora que el mundo se ve solo,

sobre la ventana de pólvora

que se ha ido de pronto

por las rendijas de luz

de las espigas doradas que claman

otras cumbres, más altos cielos,

porque saben o no ignoran

que el agua sonora de la esperanza

no ha dejado de mojar

los corazones de la tierra...

¿Quién dirá ahora

cómo recorrer la imposible

presencia que ayer permanecía augusta

como flor al alba de unos ojos tristes

definidos tan sólo por las conquistas felices

del hombre sobre el desierto del alma?

Desiertos de muerte, imperios de la noche

extendidos como estrellas imprecisas,

quizás porque la humanidad es una flor

que en otra flor permanece, y ya la muerte

no ronda a un tiempo

todos los pétalos de la aurora.

 

Ahora que los pueblos del mundo

se han quedado solos

y de pronto el mundo se torna enemigo

de aquella espiral del círculo

que se hace único

en su infinita espiral de cielos,

yo me pregunto

interrogante de niños océanos,

y  encuentro entonces

(sólo entonces encuentro siempre) respuestas

de ancianos continentes

que confunden

el horizontes de los niños

con su ocaso de roca,

de angustia y de muerte. Alguien cruza

sus brazos de arco iris sobre el mar.

Un niño que se cae sobre su dulce lar,

¿llora sus sueños?

 

 

Un gesto obligado pacta

con las sombras, sombras

que son piedras en el camino irreversible,

pero las campanas anuncian

la inesperada presencia

de una nueva rosa del viento,

rosa de los vientos

que habrán de dar el fruto inesperado

a la mano fraterna

que ha sido sorprendida por la rosa.

 

¿Es que toda la brega del viento

sobre la mar 

volverá a ser serena madrugada

de pescadores?

No sabemos, pero quien os aprisiona

mariposas de piedras, tendrá

que empezar de nuevo

desde su originario ahínco, tendrá

que llorar amargamente

por la miseria del mundo,

o tendrá que tener un tirapiedras

para matar en su ocaso-alba

los negros pájaros del alma.

Porque una corrida de astros

ha dislocado las distancias

que existen de una mano a la otra

y de éstas (¡ay, de estas manos!) a la cara

para lavar los cielos sin lluvias

en esta copa de paciencia

desleída en la sangre.

 

¿De qué me aferro yo ahora, hermano,

hermano fundamental

del verde derrotado del cosmos?

¿De qué me aferro yo ahora?

Si estamos solos.

Oigo, amigo, aquel grito cósmico:

estamos solos.

Estamos solos! “Oh clavel solitario.

¡Oh Humanidad nacida en Oriente,

contorsionada en Occidente”,

¿para no coordinarse en América?!

¡Perestroika! Y estamos solos!

Ya nadie brincará

con ímpetu terrible

por la desgracia lejana

de un ruiseñor sin nombre

rumbo al olvido eterno.

Y la ventana de pólvora

que se ha ido de pronto

por la rendija de luz

de las doradas espigas

que claman otras cumbres,

¿es lo único del salto

que habrá de regresar aquella espiral

con el fuego inagotable

de una pupila guerrera,

hasta la muerte, o hasta el imperio

definitivo de la esperanza,

sobre la desesperanza

de todos los imperios...?

 

Ahora que el mundo se ve solo,

sin otras cumbres ni más altos cielos,

tu corazón no será ya

un puente de tanques

                (y portaviones del sueños.

Ahora que los pueblos del mundo

se han quedado solos,

¡oh amigo fundamental del verde

derrotado del cosmos!,

                              (este corazón tuyo

ya no será sino una ánima de fuego,

o una  luciérnaga atómica

de cáscara de  palo-estrella-pólvora luminosa,

con su propia bola de luz...

debajo del rabo de la noche...

Neiba, diciembre, 1989.

 

 

Nota: Este poema ganó un honorífico en ATHENE, en el l992.

 

SINFONIAS DE LA PATERNIDAD

SINFONIAS DE LA PATERNIDAD

 

 

 

SINFONÍAS DE LA PATERNIDAD

 

 

(A mi hija

TAIANA HORIA MÉNDEZ CUEVAS

con motivo de su nacencia y que hoy,

también, según veo, es poeta precoz).

 

 

 

 

 

 

CÁNTICO PRIMERO

 

Si das para morir de amor,

tendrán tus dominios la voz de los siglos.

No habrá diluvio que apague

ni bajo los mares, ni sobre la tierra,

ni en los sueños, la chispa de fuego

del canto estremecido que brotará de ti,

a cada instante. Si das, entre rosas,

para morir de amor, no serán

auroras podridas de flores,

ni ósculos con lumbres de tardes murientes,

el fruto eterno recién traído a tus manos,

el fruto del árbol que desde el fruto

de otro árbol venía abriendo tu voz

desde el centro iluminado del cosmos.

Invención novísima en harapos. Amor

de corazón abierto y sangrante,

abertura de la luz, espadón de sombras

que nos enseñaron sus secretos interiores,

hombre-tierra por quien rota la ilusión

en los caminos sin cruces de esperanzas

con el empuje directísimo de la luz

y se tira y traslada,

con el oleaje ensordecido de los mares

de energía del corazón

hasta los subterráneos

castillos de las montañas marinas.

Hoy casi siempre el tiempo,

el tiempo no deja de pasar porque nadie,

absolutamente nadie

ha podido aprehender el polvo rosa

de esta ala de mariposa

que ha venido de tan lejos

al lago del combate

sólo con el escudo de sus bellos colores.

Inclinarás, pues, tu frente de fruto agraz;

 intuirás en las nubes

que retratan el futuro

los secretos designios

del nuevo apocalipsis 

y volverás a las viejas correrías,

galopando la escoba rota del destino,

o tejiendo las fingidas prisiones del mundo.

 

Entonces -¡oh hija mía!, rocío

de carne sobre la rosa al alba

de mi espíritu-,

el cielo de nubes se partirá en dos,

y una luz rectísima desde lo hondo del altísimo

vendrá : mas, todos,

todos hablarán después de ti,

después de ese ahora que viene de camino

por el último recodo de la cruz;

Si das, entre rosas, para morir de amor,

ciudad donde las sombras perecerán

por siempre jamás!

 

 

 

CÁNTICO SEGUNDO

 

 

Oh, ciudad de la luz, agua salvadora,

chispa de fuego, átomo luminoso,

minúsculo secreto poder

que en todo ser impulsas!

¿Quién ha conmovido los interiores cielos

de mis manos?

¿Quién me ha buscado para tu voz

el vientre puro de la luz?

¿Quién desde la eternidad,

o desde los átomos incendiados

de la sangre

venía rompiendo el cristal absorto

de tus ojos?

¿Quién, hija mía? ¿Quién, Horia mía?

¿Acaso la luz salvadora de los mares?

 

 

Ah, miro las nubes,

,sólo ama la vida aquel

que  ha vencido la muerte!

 

Entonces el día viene-va

despertando los pisados pétalos

de la libertad;

toda la sublime claridad de estas horas,

sin embargo, no ha omitido

la ausente estrella de la noche.

 

Desde la cuna de sueños en que te miro

como esta poesía

que vive en las celestes mariposas,

en cuyos reinos un platillo volador

transporta la materia de otros mundos

más altos y mejores,

hay una huida de sombras,

hay una cámara ciega,

hay un  relámpago de miedo,

rosa de fuego eterno,

espacio donde la música inexorable

de los astros

nos dice que sólo ama la vida

Aquel que venció el aguijón perpetuo

de la muerte;

y las nubes -hija mía-,

los cielos de blancas nubes estoy mirando,

desde el cristal absorto,

desde el cristal absorto de tus bellos ojos...

       

    

 

 

 CÁNTICO TERCERO

 

No te conformarás

con ver las sombras cayendo

en la canasta sin fondo de tus penas,

de tu angustiada finitud frente a la muerte,

de tu suelo único en sequía

o de tu afanosa

actitud e impotencia ante

el cáncer de los días.

Domarás los espacios cósmicos

de una cebolla

y comprenderás mejor

su ciencia desde el minúsculo destello

que la viste

de magia y realidad,

como a una galaxia invencible.

Sembrarás estas tierras,

hijas del sol

y hermanas del cactus y elevarás

tu silencio de palmera en germen y dirás:

 

-Estos juguetes místicos que no entiendo,

este padre-madre que me habita,

y esta cuna de espumas,

fueron el pesebre necesario

con que el supremo poder de Dios creó

el universo

luego de asirse a mis barrotes de ensueños,

y dijo : ¡Hágase la Luz!, y me hizo

carne clonada de barro espiritualizado.

La naturaleza vino de la luz entonces

como huyen las sombras

de tus manos

cuando prendemos

la eléctrica bombilla del insomnio,

mas, no sé, aquí ella permanece... insomne;

mas, en la luz del principio de todo,

la bombilla quedó rota

para este orden infinito,

en siete perfumes cósmicos

tornados en siete ángeles

que aún custodian

el recorrido del huerto de la armonía,

y los redobles de la creación.

Eres, entonces, hija mía que recién naces,

eres lo que entra la vida... ... ... ... ... ...

 

 

 

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...!

 

Neiba, 15 diciembre 1989.

 

Nota: Poema central del libro SINFONIAS DE LA PATERNIDAD, 2005, Editorial Gente, Santo Domingo, República Dominicana, de Abraham Méndez V, miembro de la Red Mundial de Escritores en Español, fundador del Movimiento de la Poesía Informalista.

 

ABRAHAM MENDEZ VARGAS, POR JOSE DE ROSAMENTES

ABRAHAM MENDEZ VARGAS, POR JOSE DE ROSAMENTES

BARAHONA EN LAS LETRAS NACIONALES, de JOSE DE ROSAMANTES

 

 

12.3.-  Abraham Méndez Vargas. Es en la actualidad uno de los literatos suroestanos que más se ha destacado. De origen neibero, pero realmente ha ascendido al pináculo del oficio literario, una vez que se muda a la ciudad de Santa Cruz de Barahona. Discípulo de uno de los más grandes maestros de la pluma parnasiana en la historia de la literatura dominicana contemporánea; don Manuel Mora Serrano. Considerado este último por la crítica nacional, como promotor literario. Pues han sido muchos los noveles escritores provincianos que se dieron a conocer a través de su columna “Revelaciones”, publicada durante muchos años en varios periódicos. Méndez Vargas, con su figura parsimoniosa, su manera de vestir y bigotes fecundos y acicalados con cierto esmero, hace recordar a aquellos poetas franceses, cuando acudían por las tardes a los famosos cafés, a contertuliar con sus homólogos. La personalidad de este literato, aunque está orleada de ribetes vanguardo-modernistas, de una forma u otra, posee un porte arromantizado. Nace en Neyba, en abril de 1961, de al factura del matrimonio conformado por los señores, Arsenio Méndez Guzmán y Bienvenida Vargas. Inició sus estudios de derecho en la extensión de la Universidad Central del Este, de la ciudad de Neyba. Pero al desaparecer la misma, se traslada a la sede, en San Pedro de Macorís. Allí se inviste de doctor. En su estadía en el Este selló contacto con Mora Serrano. Lo que permite, a este orfebre de las letras suroestanas, que vaya puliendo su estilo, y tomando mayor interés en el ejercicio escritural. Poeta, novelista, ensayista y crítico. Juez de la Cámara Civil, Comercial y de Trabajo de la Corte de Apelación del Departamento Judicial de Barahona. Ostenta además una maestría en Educación Superior, cursada en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Así como un diplomado de la Universidad Interamericana (UNICA), sobre Metodología de la Investigación Científica. Posee un background profesional muy consistente. Su Producción Literaria Como ya he escrito, la vida literaria de este escritor alcanza su clímax en Barahona. En el sentido de que en esta ciudad, se acrisola su oficio y publica, hasta el momento, la mayoría de sus obras. Por tales razones, lo hago y declaro parte importante de la historia de la literatura de Barahona. Dentro de lo que podría considerarse, la época de mayor productividad en el menester de las letras provincianas. De ahí que su figura intelectual, adquiera una doble connotación en el decurso del quehacer letral. Por un lado ha de figurar en los documentos bibliográficos de las antologías neiberas, como uno de los literatos de mayor relevancia intelectiva de la provincia Bahoruco. Y por otro lado, como uno de los literatos de mayor actividad prosística en los momentos actuales. Lo contextualizo dentro de la Generación del ochenta. Pues su entrada al universo literario se produce en la postrimería de 1980, cuando obtiene el primer lugar, en un concurso literario celebrado en Santo Domingo, con motivo al décimo tercero aniversario del asesinato del periodista Orlando Martínez Howley. En 1989 publica su poemario: Visiones de Macorís del Mar. En 1994 publica la novela La casa de las pesadillas, y en el 2000 publica la novela En un santiamén. De esta última, dice el connotado periodista Francisco Comarazamy, que “los escritores de provincia, los sin abolengos, siguen dando categoría y dimensión a las letras nacionales: poetas, biógrafos, historiadores, cuentistas y novelistas. Abraham Méndez es un típico ejemplo. Éste autor, nacido en Neyba, la tierra de Apolinar Perdomo, es uno de los nuestros romanticistas dominicano; ha publicado la novela En un santiamén”. Estas palabras fueron publicadas por Comarazamy, en su columna “Libros dominicanos”, Listin Diario, el 18 de enero de 2000. Veamos sus publicaciones. La casa de las pesadillas (novela) 1994. En un santiamén, (novela) 2000. El sueño de gala (novela) 2001. Sinfonías de la paternidad (poemario) 2005. La seguridad jurídica en la República Dominicana (ensayo) 2000. Comentario de Algunas de sus Obras Abraham Méndez Vargas es un escritor de novelas cortas. A las que acostumbra a llamar “noveletas”, obedeciendo a los imperativos del mecenazgo que ha recibido del maestro Manuel Mora Serrano. (El primero en denominar noveleta a una de sus narraciones). Su novela En un santiamén la firmo con el nombre de Abradjam Méndez. Los posteriores trabajos, los rubrica con su nombre de pila. Hasta cierto punto, es un escritor telúrico. Ya que en sus narraciones se revela un evidente apego a la tierra suroestana. En ellas, toca lo más sagrado de sus raíces. Y el elemento de lo cotidiano respira con vigor, con extrema franqueza. En dicha novela, al igual que en Sueño de gala y La sangre de las uvas, constituyen un tríptico novelado que él contextualiza y entrama, en el mismo corazón de al sierra. Y así mismo son sus personajes, serranos y dotados de una ruralidad única. Son novelas fieles. En las que el autor presenta los cuadros más refrescantes de su vida niñal. Y en las que el componente familiar es un elemento complementario por idiosincrasia. La narrativa de Abradjam Méndez o de Abraham Méndez Vargas, como gustemos llamarle, es de ropaje térrico. Y en ella se patentiza su apego pasionario al mundo bucólico. El costumbrismo, la virginidad del bosque, así como la magia de las noches, son elementos actuantes junto a los personajes vivos, sobre una plataforma de amor. El sueño de gala, no es un sueño en el que se duerme. Es más bien, esa parte onírico, del que nos habla Bretón en sus poemas y Freud en sus teorías psicoanalíticas. En lo que respecta al poemario Sinfonías de la paternidad, el autor manifiesta la abierta sinceridad que se desprende de su permanente contacto con el reconocido intelectual, maestro de la Literatura y “buscatalentos”, Manuel Mora Serrano. E inclusive, en la antesala del poemario aparece una carta-prólogo del maestro, en la que además de hacerle recomendaciones bien intencionadas, le ratifica con expresiones abiertas, la contundencia de una amistad sacra por casi dos décadas. Abraham Méndez Vargas en este texto poemática, se declara una vez, más hijo exiliado en materia de la labor literaria del escritor de la comunidad de Pimentel. Este poemario es una extensa expresión de agradecimiento a las jugosas recomendaciones aleccionantes, hechas por un amoroso profesor a un entregado discípulo. Ambos, impuestos a cartearse desde los primeros momentos en que nació aquella provechosa amistad literatual. En una de las epístolas que Mora Serrano le envía al joven escritor neibero-barahonizado, hace alusión a Luís Alfredo Torres tildándolo como “La voz más límpida y pura de las constelaciones del sur”. Mas adelante el coterráneo de Méndez Vargas, el narrador Ángel Atila Hernández Acosta, (autor de Carnavá y de Cañamaca), en una misiva que el envía a don Manuel Rueda, director del suplemento literario Isla Abierta del periódico Hoy, le presenta a Abraham Méndez Vargas, como uno de los poetas prometedores que se proyecta hacia la universalidad, o por lo menos, como fino poeta. A fin de que le haga publicar tres poemas suyos. Sinfonías de la paternidad es una visa que legitima la trashumación de Méndez Vargas, desde Neyba hasta San Pedro de Macorís. En un vuelo en escala, que finalmente lo hace sementar en Barahona. Fue uno de los consortes del Taller Literario Bahoruco. En ese momento se aprovecha de los viajes que Mora Serrano realizaba a Neyba, llevando el nuevo evangelio de la nueva poética. Luego que se traslada a San Pedro de Macorís a concluir sus estudios, se convierte en un alumno aventajado de Mora Serrano, y allí también aletea su paloma numérica hasta que logra alzar vuelo. Viene a Barahona y aquí se anidó, quién sabe por cuanto tiempo. De modo que, la obra ya mencionada se cuaja en tres espacios diferentes. En Neyba, San Pedro de Macorís y en Barahona. Pero en este último lugar, este literato, alcanza la consumación total en el quehacer literario. Una obra pensando en un padre letral (Mora Serrano). Y a la vez que su autor le subtitula “poesía informalista”, acaso porque resulta, diría yo de una desobediencia a las técnicas tradicionales, en cuanto al material léxico, pero realmente no existe en ella tal informalidad. Lo de poesía informalista, responde más a una concepción ideológica, que a la facturación de la poesía como tal. Son textos hechos a la perfección que responden a la subversión generalizada que experimenta el discurso de la vanguardia moderna. Con estilo único. La sociedad Atiene lo distingue con una mención de honor a su poema El mundo se ve solo (1992). También lo reconoce la Escuela Nacional de la Judicatura en el 2002. Aun cuando concibe el soneto, que es de hechura clásica, en el suyo se advierte cambios rítmicos y de acentuación. Veamos algunos: de Sinfonías de la paternidad. Eva efímera Al mediodía de mi triste vida sé que soy como la flor del campo. Amor de sueño auroral, luz de lampo con que amo tu risa reverdecida. Después de esta mar embravecida lluvia torrencial que allá escampó en la noche fiel que tu alma estampó sólo en los vientos, al oeste, va la vida. Sé que soy la auroral flor del monte que a la tarde he de marchitarme y en la noche habré de deshojarme y aquel capullo de monte eres tú mujer que mata los estambres. Porque para dar el fruto… te abres… (El soneto escrito en Barahona en el 2004). Amor a Primera Vista La dura calle del destino es triste. Una sombra que baja por la acera sin nombre de tu pena. Cualquiera puede cruzar la vía que la embiste. Un batir de palomas también viste. Llegábamos al parque de la espera. Mi mano abierta para que la vieras, te ofreció aquel lado menos triste. Ese gesto que retuvo lo grande que se cae de la luz de tu mirar es una estrella frente a otra estrella. Como sol que un nuevo amor expande al ser besado por los ojos del mar, así yo me abrazo a tu alma tan bella… (Barahona R. D., 2004 Biología del Deseo La pasión de un nativo por su tierra es un ladrillo que ha de llevar por dentro. Es como pan de navidad puesto al horno donde no se quema nunca ni se cuece. Arde el corazón en el amoroso pecho desde que nace hasta que muere. Así como la obra sobre el mar no es pura muralla marina que corre, sino energía cósmica de una pasión interplanetaria que hace saltar las aguas, el amor es un golpe de corazón, un choque de luz de dos en uno. El fuego que siento por el terruño donde nací con el sublime amor del sol abrasador del florido cactus, me ha mirado hoy, jaragüeña por tus hermosos ojos de paloma. (Barahona, R. D., 2004). Por lo visto, Abraham Méndez Vargas es un poeta dotado de una espontaneidad natural. La poesía le sale sin el menor esfuerzo. Como cuando se abre el grifo y el agua se libera con dulzura estrepitosa. Es un poeta nato e innato, que anda con su estro siempre presto. Entre su dialogismo y su ejercicio en verso no existen guardarrayas. El repentismo del sueño es un elemento caracterizador de su prosa y de su poetizar. Pero en ambos productos, palpita una conexión viva entre el autor-hombre y su contexto inmediato. Este es un portavoz del verso moderno inyectado de una fuerte dosis ubicua. Porque aunque ha jurado la bandera literaria barahonera, se resiste rotundamente a no perder su nacionalidad neibera. Es por ello que a la hora de valorar su literatura, la sociedad de Neiba no puede obviarlo. La de Barahona, menos. (BARAHONA EN LAS LETRAS NACIONALES, de JOSE DE ROSAMENTES, Págs. 208-215, octubre 2007, impreso en Editora Buho, Secretaria de Estado de Cultura, Dirección General del Libro y la Lectura. ¡AÑO DEL LIBRO Y LA LECTURA!

 

Abraham Méndez Vargas    17/12/2007

 

AMOR DE MADRE

AMOR DE MADRE

 

 

 

 

 

 

 

 

AMOR DE MADRE

 

A: doña WILHERMINA SUERO MENDEZ DE MUÑOZ,

gran pintora y poeta de Barahona.

 

 

En el extremo de mi canto

la soledad impone sus formas absolutas.

Las formas de una ave

que vuela en pleno mediodía, cuando la calor comienza a perder altura

sobre el espejo de aguas

absolviendo los cielos;

cuando las nubes son tan solo

copos de ilusión flotando

con la inocente caricia del sol

en el ala de un pájaro

que cuelga el tiempo en el horizonte,

o cuando la palma real

ya no es la palma real de siempre,

sino la imagen de las palmeras al pie

de la cristalina Castalia de la gracia

perfumada de un lirio

buscando la puerta del cielo,

como un espejo roto de improviso

por un rayo.

 

 

Entonces las formas de mi canto

son absolutas

y mías y viajan al cielo

con su lluvia de amores,

y yo caigo con ellos

sobre los tristes montes del ocaso,

y el verdor cubre la tierra otra vez,

y las nubes se tornan violentas,

aunque duran lo mismo

que las nubes blancas

de mi voz. Duran lo mismo

que un día de oro

sin batallas heroicas posibles,

porque cuando la tierra se tiñe de gloria

una voz clama justicia a Dios

desde el fondo de la tierra,

desde su corazón de piedra

cinco veces superior

a toda roca del universo.

 

 

Clama  justicia a Dios,

y las nubes, sin mensajes posibles

para el hombre en batalla,

son negros paraguas que el sol ocultan,

como las madres con lutos la luz

de sus ojos.

 

 

Son madres que lloran

la destrucción de la vida

que trajeron al mundo,

cuando el mundo era tan solo

un canto absoluto venido

del heroísmo de su vientre,

un canto-grito que anunció

de regreso al corazón

la presencia primigenia de su desgracia:

nacer y triunfar

en tiempos del odio y del dolor!

 

Barahona,  23 Agosto, 2005.

 

INFORMALISMO

INFORMALISMO

 

Abraham Méndez V.

 

 

INFORMALISMO

 

a don Ángel Luís Patnella,

alma heroica y firme de Barahona.

 

Libertad es 

la pureza moviente del aire sobre el mar.

Ahora es una paloma en tierra.

Recortaron sus alas con tijeras de acero.

Tiene las alas rotas

en lo sublime del hueso.

Nubes deformes en sus ojos espantan.

Mira como árboles

que sueñan aferrándose a sus hojas.

Aceros tiranos, afilados como la muerte,

suprimieron su vuelo

de mariposa enamorada.

 

¿Qué puede cantar un pájaro sin vuelo?

Sólo la paloma vuela

en un sueño que no acaba.

 

¿Por qué gime el viento

como alma en pena

a la hora del sepelio

de su cuerpo mundano?

 

Sólo la paloma golpea la tierra

con sus tocones de plumas

que se hunden en su piel

como raíces de árboles muertos.

La paloma sin alas

desconoce la pasión del aire.

La paloma sin alas

picotea el cielo en el agua.

La paloma sin alas se baña

con el polvo de la mañana.

 

La libertad del aire renace

en el fuego como urnas del azar soberano,

toda una heroína

contra la pared asesina,

junto a otras innumeras

víctimas del mismísimo acero.

De aquel artificio peligroso,

entre las sobrevivientes,

como retoños de ramas podadas

por los rayos de mayo,

resurgen bajo su piel

los cañones llenos de sangre

de rosas eternas de tus ojos de sol naciente.

 

Su sabiduría viene

de la savia raíz que reverdece.

A la hora del rocío,

cuando sobre el verdor

de los montes,

las sombras caen desde las nubes

cargadas de aguas

bajo el sol de soslayo,

la paloma presiente

que un ojo que no es el sol

ni la luna, mira atento desde el más allá,

desde el más allá

con la nueva bendición del altísimo.

 

Desde el más allá de todos los allá

la libertad del aire moviente sobre el mar,

reconquista los cielos de fuego,

y el espíritu sobre las aguas canta

con las fuerzas del polo cósmico.

Libertad es el aire; lo conocí una vez,

en el corazón de paloma de este pueblo

        (que muere desde el oeste!

 

Barahona, R. D.;

Junio del 2005.

ANGEL A. HERNANDEZ ACOSTA EN LA GENERACION DEL 48

ANGEL A. HERNANDEZ ACOSTA EN LA GENERACION DEL 48

 

 

ANGEL HERNANDEZ ACOSTA

 

EN LA GENERACIÓN DEL 48

 

 

Por:

 

ABRAHAM Méndez V.

 

En  el 1985, con motivo del homenaje que le tributaron el Indesur, dirigido por el Dr. Rafael Díaz Vásquez, y el Curso-Uasd,  se anunció se haría la tercera edición de Cantos de Apolo, de Apolinar Perdomo. Con el paso del tiempo, la Biblioteca Circular Apolinar Perdomo Sosa fue desmantelada por el Plan Decenal de Educación y refundida con el nombre de Biblioteca Municipal Ángel Hernández Acosta. Nada de esas cosas están bien, no son justas y deben descontinuarse en el futuro.  Ambos merecen una reevaluación de sus obras literarias, del primero respecto de la Generación del 48 y Apolinar Perdomo en relación con la poesía modernista y romántica de comienzos del siglo próximo pasado, así en los aspectos patrióticos contenidos en su Canto a la Patria, no sólo los amatorios, para que le sean devueltos méritos que les han sido arrebatados.

 

Una cosa es innegable, y es que el Doctor Ángel Atila Hernández Acosta ha sido el único poeta neibano que ha podido emparejarse con la poesía de Apolinar Perdomo. Creo que debe comparársele más bien respecto del resto de escritores y poetas de la Generación del 48, a la cual pertenece. Lo importante no es ser mayor que otro, sino uno mismo, en el sentido propio..  Verdad es empero que Apolinar Perdomo y Ángel A. Hernández Acosta, son ambos de un  genio  polifacético que vieron por primera vez la luz del mundo precisamente cuando Neiba pertenecía a la demarcación provincial de Barahona; justo con el poeta barahonero Luís Alfredo Torres, la más alta flecha de impulsión de la poesía sureña, los tres son el mayor aporte de nuestra literatura regional, a las letras dominicanas y al mundo entero, sino que ellos siguen siendo el mayor reto de los escritores y poetas de Neiba y del país,  como en los viejos tiempos redivivos. Igualmente, aunque sabemos de  poetas neibanos que han descubierto, como Apolinar Perdomo,  un hipercrecimiento escriptual después de residir fuera de Neiba, éste sigue siendo cantera de datos históricos y de un profundo sortilegio que impresiona y pone como uva bien sazonada por la naturaleza, a los escritores de alto quilate poético que como Freddy Prestol Castillo y Néstor Caro lo hicieron mucho ha, aun hoy vienen saborear el embrujo sobrenatural que impidió que Quinito Hernández Acosta viviera fuera de Neiba, a pesar de que tenía todas las condiciones para  triunfar como abogado y como político, y nunca muriese el gran poeta que siempre será. Y murió en la plena miseria;  según me confesó doña Ruddy Medina de Hernández, que padecía de  una ceguera  total que le había sobrevenido unas semanas después de la muerte de su esposa Quinito Hernández Acosta, carecía de los recursos económicos necesarios para costear del todo la operación que prometía devolverle su vista. No sé si murió sin haber resuelto el estado de ceguera.

 

 Aquel hombre que nos enseñó los cauces necesarios de la vida solitaria, que tanto vimos de cerca trabajando en su humilde pero sublevante taller de poeta-abogado, revelándonos sus técnicas, sus autores y temas preferidos, la intimidad de una vida plasmada en versos, así como su secreta rebeldía social, es más que merecedor de que el Gobierno Dominicano haga honor a la obra y a los hijos y nietos que lo tenían a él como única mano que en el mundo amparaba y sustentaba su prole, después de Dios. Los vuelos intelectuales que tuvo han de ser más que suficientes para que la sombra de haber sido humano, le sea perdonada,.

 

Posteriormente, en fecha 3 de Octubre de 1987, en Moca, otro importante homenaje fue tributado al escritor Ángel Hernández Acosta, por parte del también escritor y gran compilador don Julio Jaime Julia, el Ayuntamiento municipal de Moca, la histórica ciudad del Viaducto, y por la Librería La Trinitaria, de don Juan Báez y doña Virtudes de Báez. Con una carta que lo acreditaba como tal, el poeta neibano ABRAHAM Méndez-V., se presentó a donde Don Jaime Julio en nombre del Dr. Hernández Acosta, a causa de los serios quebrantos de salud lo aquejaban.

 

El discurso central de oratoria estuvo a cargo del destacado escritor y poeta Alberto Peña Lebrón, prominente miembro de la Generación del 48 y que llegó a estar preso a causa de sus ideales estéticos y revolucionarios, contra la nefasta dictadura del General Rafael Leonidas Trujillo Molina. Aquella pieza de oratoria extraordinaria, es la mejor fuente que se puede aportar como prueba inequívoca de que el poeta Ángel Hernández Acosta ocupa un lugar destacado dentro de la Generación del 48. Con ello dejamos abierto la posibilidad de nuevas andanzas por los predios de la imaginación, de esta gran literatura regional dentro del contexto de la literatura nacional e hispanoamericana. Los dejo con el poeta Peña Lebrón, cuya amistad me gané aquel día 3 de diciembre del 1987, en Moca.

 

De ahí ha surgido todo este retrato transversal. Si hemos logrado aproximarnos a nuestro original propósito aunque sea en un tres por ciento de los objetivos, hacer un muestreo crítico de la retórica del poeta y narrador Hernández Acosta, nos damos por satisfecho. Además, espero que estas reflexiones sirvan a tantos jóvenes que me visitan para que les hable sobre el autor de Otra vez la noche, sin que ello implique cerrar la temática que nos ocupa, pues muchos trabajos literarios de ANGEL HERNÁNDEZ ACOSTA, en poesía y prosa poética, andan por ahí diseminados en revistas y periódicos nacionales y regionales, y es deber colectivo rescatar tan original aporte a las letras hispánicas.

 

 

“ANGEL HERNANDEZ ACOSTA

 

Por Alberto Peña Lebrón.

 

 

 

“Señoras, señores:

 

“Tengo el honor de trazar ante ustedes una breve semblanza del escritor Ángel Hernández Acosta, poeta, narrador, novelista, abogado, quien con su presencia esta noche entre nosotros, enaltece y dignifica el empeño que se ha impuesto Moca de rendir homenaje a los valores descollantes de la literatura dominicana.  Llega él hasta esta tierra Mocana después de recorrer largas distancias, desde el que una vez llamara Rafael Damirón “nuestro Sur Remoto”, tierra áspera y desafiante para el hombre, pero de encanto sin par, de soles ardientes que enervan los sentimientos y de cielos clarísimos que en las noches son desgarrados por la luz de las estrellas.  Desde esa heredad en que los seres humanos se afanan por sobrevivir, desafiando unas veces la furia de sus propias pasiones desbordadas, viene hasta nosotros Ángel Hernández Acosta, espíritu sensible al latido de su paisaje nativo y al drama en que viven sus habitantes, para traernos la fragancia de su villa natal, su San Bartolomé de Neyba, situada en la ruta de los huracanes, en la ruta de las invasiones del vecino de occidente y en la tempestuosa senda de nuestras disensiones civiles, alimentadas por un caudillismo frenético que en décadas pretéritas cubrió de sangre y luto aquella ardiente región del mediodía de nuestra Patria.

 

“Desde esa villa casi pastoril de Neyba, abrumada por la historia de sus gestos de valor indomable, asomada al espejo del lago Enriquillo y elevándose a las alturas celestes en la loma de Panzo y la sierra de Bahoruco, nos llega este poeta iluminado, este delator del drama humano, trayendo en la alforja de su espíritu muchedumbres de sueños e ilusiones, que ayer, en los días juveniles, le hicieron entonar la tierna estrofa de amor, la canción estremecida por el asombro de vivir, aunque rodeado por un muro de horrores y de quejas.  Escuchemos su voz, en “Grito en la Rivera de una sombra”.

 

 

“Era cuando el alba crecía en mis arterias,

cuando no había en el huerto

luceros desangrados

 

 

ni germinadas sombras.

Era cuando la voz tenía aquel temblor

de aguas inocentes,

y no sabía que el mar es el destino de la alondra.

Retorno de tu luz, fiesta

de auroras en la playa dormida de mis manos,

velero del amor

y la incendiada ausencia”...

 

(Cuadernos Dominicanos de Cultura, NO. 78-79, Febrero-Marzo 1950, Pág. 28).

 

“Poesía recatada la suya, de recóndita vibración humana, acunada en las notas bucólicas del paisaje exterior, pero matizada a la vez por el estremecido mundo interior del poeta, ante la evidencia de una cruel realidad que no podía desconocerse, aunque el corazón la rechazara:

 

“Era cuando el alba crecía en  mis arterias

cuando no había en el huerto

luceros desagrados

ni germinadas sombras. . .”

 

“Así escribía el poeta, en el 1950, evocando un hermoso tiempo imaginario en el que la luz primera del alba crecía en sus arterias, vale decir, en su corazón de joven soñador; un tiempo

 

“cuando no había en el huerto

luceros desangrados

ni germinadas sombras...”

 

 

“Pero he aquí que era mi otra realidad que circundaba entonces a Ángel Hernández Acosta y a los demás jóvenes poetas que escribíamos poesía en aquellos amargos años.  Porque el crimen, la opresión y la injusticia mantenían nuestra Patria sumida en la más horrible adjección, abrumándole de “luceros desangrados y germinadas sombras”, todo lo contrario de lo que como un ardiente anhelo manifestaba Ángel Hernández Acosta en el poema que comentamos.  Por eso aquel “Grito en la ribera de una sombra”, aparecido en los Cuadernos Dominicanos de Cultura, No. 78-79, Febrero-Marzo del 1950, junto con poemas de otros doce jóvenes de la Generación del 48, con una amable y comprensiva nota introductoria del criterio Pedro René Contín Aybar, constituyó una expresión de protesta, velada si se quiere, pero no menos cierta, al oprobioso régimen político que padeció nuestro pueblo durante 31 años.  Comentando los versos de estos jóvenes poetas, afirma Contín Aybar en su nota introductoria, lo siguiente:

 

“Cuando se estudie debidamente la influencia de nuestra

política en lo  social, cuando se determine el factor vida nacional como irradiadora para la formación del carácter y es lo que han venido haciendo, primero los historiadores y luego, los sociólogos podrá estatuirse el porqué, el cómo y el cuándo de la actual evolución literaria dominicana”.

 

“Y añade el crítico citado, a renglón seguido:

 

“No puede negarse que todo hombre es reflejo de su ambiente. 

 

Para existir realmente, uno debe situarse en su justo medio.  Y si el poeta—el artista---es “un resonador de la naturaleza”, no cabe duda hasta qué punto necesita vivir su época para darle a su poesía todo el espíritu, para traducir en ella, no el escarceo ingenuo del artificio literario, sino valerse de este artificio para expresar,  expresándose, su vida, la vida”.

 

“Estas últimas palabras de Contín Aybar describen, como si hubieran sido escritas para comentar la labor literaria de Ángel Hernández Acosta, porque su esfuerzo creador no se ha limitado al simple artificio formal, sino que ha penetrado en la zona profunda de la realidad, de la grave tarea de vivir, en todo su dramatismo desgarrador.  Y ello no tanto en la poesía, género que por sus características particulares resultaría estrecho para contener todas las inquietudes que laten en el cerebro y el corazón de nuestro autor, sino más bien en el cuento y la novela, en los cuales ha descollado con la publicación  de cuatro obras que le otorgan un lugar relevante en la narrativa dominicana: “Cóctel de Escenas”, publicada en el 1948;  Tierra Blanca”, aparecida en 1957; “Otra vez la Noche”, que vio la luz en el 1972; contentivas de cuentos y narraciones; y la novela “Carnavá”, publicada en el año 1979.

 

“La obra narrativa de Ángel Hernández Acosta se inserta y continúa la tradición que iniciaran otros destacados cultivadores del  género, como Freddy Prestol Castillo, Néstor Caro y José Rijo, enfocando al hombre y al paisaje de ese Sur sediento, de tierras blancas, de rebeldías montoneras, de ríspida vegetación, de necesidades y urgencias agobiantes, en el que la pasión es la ley de cada día pero donde nunca es extraña la ternura.

 

“Resulta conmovedora la forma en que estos narradores, con el denominador común de ser todos abogados, recogen la palpitación vital de ese trozo de nuestra Patria en el que vivieron en algún momento de sus vidas, y donde la naturaleza ha sido más avara con sus bienes materiales.  Allí la criatura humana, desvalida ante las fuerzas del destino, se muestra en toda su capacidad de lucha frente a los elementos adversos, sean éstos de carácter telúrico o de índole económica o social.

 

“Se ha dicho y repetido que la obra literaria tiene su fuente en el sufrimiento y el dolor.  Este aserto cobra validez indiscutible cuando examinamos los relatos y cuentos de Ángel Hernández Acosta, porque en ellos desfilan, en patética recreación, una serie de hombres, mujeres y niños humildes, azotados por sufrimiento y la desventura, pero con un enorme caudal de dignidad y riqueza interior, de vida espiritual que los rescata y eleva, por encima de todas las miserias y adversidades a que está sujeta la condición humana.  En estas narraciones quedan retratados, de una parte, cayucos y guazábaras, de magueyes y almácigos; y de otra parte, los seres que en él moran, o sobreviven, enfrentados al hambre, al trabajo agotador, a la explotación, a la  injusticia, al desaliento, a la enfermedad y a la muerte.

 

“Evocando esas criaturas tristes, a quienes la vida ha mostrado su cara más temerosa, al lado de la protesta social percibimos un recóndito  dejo de ternura con que el autor o la frente de sus personales, como si ante el dolor humano no quisiera darse por vencido, y dejara siempre abierta una pequeña hendija por donde penetre hasta el corazón de los que sufren un rayo de esperanza.  Por obra de esa actitud compasiva hemos visto el abatimiento trasmutarse en un renacer del espíritu, y lo que parecía una derrota convertirse en una victoria esplendorosa. 

 

“Cañamaca”, “Nube Negra”, “Tierra Blanca”, “Rosenda”, “La Sonrisa”, “Dígame Usted!”, “Los Campesinos Vienen Cantando”, son títulos de algunos de los cuentos de Ángel Hernández Acosta en los cuales la ternura, el amor y la esperanza disputan palmo a palmo el terreno a la miseria y al dolor, a la injusticia y a la muerte.

 

“La prosa narrativa de Ángel Hernández Acosta es siempre tersa,  llena de donosura, y en ella la mano del poeta deja sentir su presencia, en imágenes y metáforas siempre necesarias para expresar la hondura de un sentimiento o para describir un rasgo del paisaje.  Esa alta calidad verbal se percibe mejor en aquellos relatos de matiz folclórico, en los cuales la prosa deviene pictórica, llena de colorido, mostrando hábitos y costumbres de la región, así como creencias, supersticiones y leyendas que crean un ámbito mágico que sirve de telón de fondo al mundo en que viven los personales.  En tales relatos la paleta del pintor que hay en Ángel Hernández Acosta irradia luminosidad, mostrando su esplendor en la viveza del diálogo, en el rescate del habla común del pueblo humilde, en la descripción del panorama físico o en la expresión del mundo interior de los personajes.  Por obra y gracia de esa prosa el folklore del  sur cobra forma.  Perdurable, y el carácter recio de una región y de los seres que lo habitan es rescatado contra toda posibilidad de olvido.

 

“Quisiera ahora referirme, de manera especial, a la novela Carnavá, publicada por Hernández Acosta en el año 1979.  Pero para ello debo apoyarme necesariamente en el público comentario que de esa obra hace uno de los más calificados escrutadores críticos de la literatura dominicana actual: Diógenes Céspedes.  Afirma este autor, uno de los más parcos en el elogio de nuestras letras actuales, lo siguiente:

 

“El relato titulado Carnavá, de Ángel Atila Hernández Acosta, inicia como proyecto, la recuperación y reivindicación de la época regional en nuestra literatura.

 

“La escritura transforma lo que de información o signo retiene el pueblo en torno a un héroe nacional o local.  El escritor entonces devuelve a la sociedad, en forma de ritmo, todo lo que siendo mito o leyenda es susceptible de entrar como arte en la imaginación de los lectores.

 

“Es más o menos a ese proceso que Hernández Acosta somete el material bruto que quedó en la historia de Neiba en torno a la figura de Lucas Evangelista de Sena, pequeño héroe regional, general de la montonera, medio trovador-echador de coplas, jimenista, justiciero popular” (1).

 

(DIOGENES CESPEDES, “Reivindicación de la Época Regional.  CARVANA, de Ángel Hernández Acosta; EN “Estudios Sobre Literatura, Cultura e Ideologías”, editora Taller, Santo

 

 

 

 

Domingo, 1983). Pág. 179/180.

 

 

“Esa es la forma escueta, pero rigurosa, en que un investigador literario reconoce el valor textual de esta novela.  Pero Carnavá es eso y mucho más, aparte de constituir hasta estos momentos la obra mayor de la producción literaria de ANGEL HERNANDEZ ACOSTA.  Porque en ella el instrumento expresivo del narrador ha logrado su máxima puraza y eficacia, tanto en el ritmo interior del relato como en la articulación de los sucesos y en el fluir imbricado de diálogos y descripciones, en un contrapunto magistralmente logrado.  En Carnavá el cauce narrativo es despojado de todo ornamento innecesario, para quedarse en la materia pura, para concentrarse en las notas esenciales a través de las cuales se dibuja la figura vigorosa del personaje es una prosa constantemente móvil, que se despliega, se agita, se hace intensa, medida que el relato avanza, que los acontecimientos se encadenan, en una secuencia ininterrumpida, en un movimiento vivaz, increscendo, hasta precipitarse hacia un final majestuoso.

 

“Carnavá es la novela que exalta el valor, la dignidad, el amor propio, el orgullo viril del hombre dominicano, hechos materia perceptible en un personaje de carne y huso, pero tan de leyenda como compadre Mon, y al igual que éste, jinete bien plantado, galante trovador, danzarín de gallardo porte, amigo del amigo, enemigo de la injusticia, siempre amoroso y tierno con la mujer y con los niños, intrépido y audaz ante el peligro.

 

“Largas horas de revisión crítica, de cuidadosa poda, tomaría al autor la condensación final de su relato novelesco, aligerando su texto de toda adherencia ineficaz, de todo aditamento vacuo, para entregarlo ágil, desnudo, con la gracia de una criatura perfecta, en la cual forma y contenido se confunden íntimamente en armónico acorde.

 

Con Carnavá la obra narrativa de Ángel Hernández Acosta alcanza mayoría de edad plena, y un lugar indiscutido en la literatura épica dominicana.  Y en esa novela singular, no es sólo el sur remoto que se muestra a nuestros ojos, a través de las luchas, las pasiones, los conflictos y confrontaciones, los amores y las quejas de sus hijos; porque en sus páginas, trabadas con fervorosa dedicación, junto con el aliento vital del personaje nos llega el latido del alma nacional y la inigualable fragancia de nuestra tierra. “HOMENAJE A ANGEL HERNANDEZ ACOSTA

MOCA, 3 de Octubre del 1987.-)“

Filosofia Oriental en el poema HITO DE SOLEDAD de Angel A. Hernandez Acosta

Filosofia Oriental en el poema HITO DE SOLEDAD de Angel A. Hernandez Acosta

FILOSOFIA ORIENTAL

 

EN

 

HITO DE SOLEDAD

 

ABRAHAM MENDEZ V.

 

Parece que ANGEL HERNÁNDEZ ACOSTA llegó a ser, también, además de buen católico, acepto de la  filosofía oriental  que en tiempos antiguos impidió que los discípulos de los cinco filósofos griegos más grandes terminaran en las aguas del judaísmo después de las traducciones ordenadas del  Antiguo Testamento o base del judaísmo y fuente donde aquellos debieron haber desembocado en la fe suprema  del Nuevo Testamento: el Cristianismo, que es la verdadera sangre de la uva celestial, y no como sucedió que tales discípulos terminaron en las aguas de las teorías de la reencarnación...

 

La historia nos enseña que: “En el Oriente Antiguo se creía que la muerte era el fin total de la persona humana. Sólo en los mitos de los dioses que mueren y resucitan hubo un canto a la vida. Los rituales de las tumbas reales de Ur, fechadas en el siglo XXVII a.C., presupone la creencia de que los reyes continuaban en la ultratumba el mismo modo de vida que habían llevado sobre la tierra”. (HISTORIA UNIVERSAL Prehistoria y Primeras Culturas. Instituto Gallach, pág. 200).

 

En su poema HITO DE SOLEDAD, cuya fecha de inspiración no conocemos porque Quinito Hernández Acosta no acostumbraba fechar sus poemas. Sabemos que en la ANTOLOGÍA LITERARIA DE NEYBA, del Lic. EDDY MATEO VASQUEZ, aparece ANGEL HERNÁNDEZ ACOSTA presidiendo junto con APOLINAR PERDOMO dicha Antología, aportando entre otros poemas HITO DE SOLEDAD.

 

En HITO DE SOLEDAD, el poeta Ángel Hernández Acosta termina de esta manera:

 

“...

y el alma se aventura

por criaderos de sepulcros”.

 

¿Yo me pregunto si acaso Quinito Hernández Acosta, cuando escribió HITO DE SOLEDAD, no creía en la inmortalidad del alma fuera del cuerpo? ¿Creyó, acaso, en ese entonces, que todo el destino de su alma sería siempre el de su cuerpo? ¿Por qué tiene el alma que aventurarse por criaderos de sepulcros?

 

Quinito Hernández Acosta no está para respondernos estas preguntas. Murió en el año de 1995, el 24 de Noviembre. Yo fui quien pronunció su panegírico en la Parroquia San Bartolomé de Neiba. En honor a la verdad,  la obra que publicó, de un innegable valor universal, así como la vida modesta y simple, fueron los únicos elementos que tenemos para procurarnos hoy una respuesta personal y, por tanto, de orden subjetiva, por cierto.

 

Igualmente, hay vestigios de filosofía oriental ligada al cristianismo en sus sonetos LAS HOJAS CAIDAS. En estos ocho sonetos, hay evidencias del dualismo del cuerpo y el alma,  una condena al hedonismo, al paganismo, así como hay una evidente defensa de la Patria golpeada por la demagogia de los amantes que ofrecieron y le hicieron soñar la tierra prometida, dejando de paso el eco profundo y misterioso como la vida misma de la filosofía oriental matizada al cristianismo. Mas, veamos en este ejemplo la parte final, que dice:

 

“Y ahora que los ríos han bajado,

y están ya nuestras copas redimidas,

dense en la tibia sangre del costado

 

y en el útil perfume de la herida,

que así, todos iremos, consolados,

de regreso hacia el polvo de partida”.

 

Los sonetos de LAS HOJAS CAIDAS parecen de factura más recientes que HITO DE SOLEDAD, aunque también aparecen en la ANTOLOGÍA LITERARIA DE NEYBA, del Lic. Eddy Mateo Vásquez.. Las Hojas Caídas fueron escritas frente a la Tele, mientras esperaba el poeta el juego de pelota, vio al canilla que anunciaba el periódico El Sol. Entonces escribió el primer soneto, que dice:

 

“Dime, tristeza, dónde está la mano

que desprendió del tallo tu hermosura,

el filo de la amarga dentadura

que mordió tu presencia tan temprano.

 

Dime la copla falsa del profano

carbonero que puso tu verdura

a rodar por caminos de amargura

como un pañuelo que reclama en vano

 

la gracia pasajera de un saludo.

Di si el color de penas con que vagas

 te lo dieron los rumbos que a menudo

 

 condecoran la rosa con la llaga,

 porque veo que eres tú como el desnudo

 corazón que ilumina si se apaga.

 

Es más, creo que tiene un acierto tremendo este verso de LAS HOJAS CAIDAS: y en el útil perfume de la herida.

 

Ciertamente, la interpretación sobre la personalidad divina de Cristo, sobre el contenido de su mensaje y  sobre los requisitos necesarios para la salvación de las almas, ha sido la causa fundamental de las divisiones en la Iglesia Católica y en el resto de sectas. Pienso, entonces, dar una interpretación relativa, como todo en la vida de los hombres y de los pueblos, salvo Dios.  Pienso que el mensaje de Cristo fue, es y será por los siglos de los siglos... un mensaje de salvación de las almas, algo que es verdaderamente más que trascendente. En la Cruz redentora, las heridas que recibió Cristo, en su costado herido por espada de militar de carrera, así como aquellas heridas que le infligieron los clavos que traspasaron sus manos y sus pies hasta fijarlo en el madero, van mucho más, pero mucho más allá que “el útil perfume de la herida” de que nos habla el poeta Hernández Acosta.

 

Más que una acción ejemplar, útil, de alguien por los otros, cosa que también hizo Barrabás como rebelde de su tiempo, Cristo venció el aguijón de la muerte ante el cual sucumbió el primer Adán. Como hizo resucitar a Lázaro después de cuatro días de sepultado, también reivindicó al primer Adán, para que todo aquel que en él crea tenga vida eterna, por voluntad de Dios su Padre que está en los cielos, y no fuesen los seres humanos condenados a sufrir una muerte segunda, “de regreso hacia el polvo de partida”, como si nunca hubieran sido. Antes bien, comerán del árbol de la vida y vivirán para siempre.

 

Nadie puede juzgar la profesión de fe profunda de la conciencia de otra persona, y, por tanto, de este gran poeta que fue Ángel Hernández Acosta.  Sólo Dios tiene facultad para ello. Pero, ¿quién diría que no podemos divagar sobre los soportes filosóficos inscritos en un poema en particular, como parte de la evolución del pensamiento de un poeta de la forma?

 

Únicamente sabemos que ANGEL ATILA HERNÁNDEZ ACOSTA fue, con sus altas y sus bajas de ambas partes,  fue una persona muy humana, generosa, bondadosa, al parecer libre de odios y rencores. Eso sí, un hombre orgulloso, tímido, algo acomplejado, como todo isleño, de un gran talento en los estrados, frente al teclado, alzando su voz delante de las multitudes, que se estremecían con su verbo divino. También era alguien que  apenas probaba bocado y retiraba el plato suculento casi intacto; no consumía agua sino a sorbos, de rato en rato; bebía café durante todo el día, y fumaba muchísimo; era un

hombre se seis pies de estatura, rostro algo pecoso, enjuto, feo de frente, hermoso de perfil como solían siempre sentarse ante el otro, de nariz grande y anchos orificios en ella, pecoso, de  pómulos salientes, orejas de paila, y de  pequeños  ojos grises pardos casi azulosos  dueños de una enorme fuerza vital, y de una frente no amplia, propia de un cráneo con la masa encefálica recarga e la parte posterior de la cabeza. Era, visto de atrás, como un hombre sin espalda, con la piel india casi morena descolorida unida al hueso, sin carnes casi; de piernas largas y  pies número no menos de nueve y medio; manos gestuales, como de maestro de banda de música en acción, y sobre todo era dueño de una sonrisa franca que cuando la ofrecía uno pensaba que había conquistado el cielo.  Muchas veces nos reíamos a gusto, Quinito y yo, a prima noche, cuando esperaba sentado en su mecedora cabraleña el juego de pelota. Era la hora, también, en que solía izar sus banderas contra los bares de sollozos que dejan sus niños apretados entre el ruido y la sombra.

 

Desde niño, el poeta Angel Hernández Acosta fue siempre así, flaquito, debilucho, de aire enfermo, triste, desde antes de asistir con Doña Bernabela González  Méndez y demás, a la vieja casa donde está ahora el local del P.R.D., en la calle Apolinar Perdomo casi esquina calle Mella (que debiera llevar el nombre de ANGEL HERANDEZ ACOSTA, 

porque conduce de Neiba a Duvergé, su tierra natal), a recibir las lecciones de su antiguo maestro Don Ovidio Medina.

 

Puede que rastreando otros poemas de Quinito Hernández Acosta  se pueda verificar mejor que fue acepto de la filosofía oriental.  Pienso que pensar que la vida era volver de la muerte hacia la nada, o que es un instante que se disuelve cuando queremos llamarle vida, es no ver que la vida no tiene sentido en sí misma, es no ver que el  sentido profundo de la vida lo ha fijado el Creador. Como creyente religioso, Quinito Hernández Acosta acostumbraba dar charla sobre San Bartolomé, el santo patrón de Neiba, durante las celebraciones del 24 de agosto,  cada año, circunstancia definitoria de su última profesión de fe.

 

 En consecuencia, parece ser que Hito de Soledad fue sólo eso, un momento de estrés, un instante de soledad en donde bastaban sus propios pensamientos, frente al tiempo, a la nada, a la muerte que le asombraba... en medio de la inútil rutina, sin más esperanza que la de regresar al polvo de partida. Podría decirse que el tabaquismo, además de un vicio tonto, es una forma de suicidio...De todos modos, leamos por completo el poema que comentamos, HITO DE SOLEDAD, de Ángel Hernández Acosta.

 

HITO DE SOLEDAD

 

A esta altura

del día

ya he malgastado la noche.

 

A esta edad

de la rosa

se acuartelan las espinas

 

No ha llegado el meridiano

y sin embargo huele a tarde.

 

Todo,

todo es saberse uno

cultivado en una lágrima.

 

A esta hora

del sueño

me despierta la vigilia,

y el alma se aventura

por criaderos de sepulcros.

 

Un buen día, al caer la noche elogié el poema Hito de Soledad, y su autor me dijo que el poema que no nace completo es mejor no escribirlo, de lo contrario podría salir incompleto, y años después,

surge el verso que le faltaba y entonces se hace perfecto. Uno debe siempre, Abradjam, releer y corregir. Siempre. Lo importante no es la cantidad, sino la calidad. Hubo un poeta que se hizo famoso, con un solo soneto que escribió.